jueves 16 de julio de 2009

Cous cous de berenjenas caramelizadas con miel de caña


Como todos los seres humanos, tengo mis defectillos, mis manías, mis vicios. Los cacharros de barro y/o hierro fundido son uno de ellos. El teflón por mí se puede quedar para lo que fue inventado, es decir, en el espacio interplanetario, bien lejos de mi cocina. Vale, sí, en principio cuando apareció parecía que llegó a revolucionar la cocina, pero las sartenes de teflón son delicadas, se rayan a la mínima, no duran ni un año. Y a mí las cosas que no duran, pues como que no, no me van. Los cacharros de barro o hierro fundido, a poco que los cuides, te duran toda la vida.
Este tajine de barro nos lo regaló Farouh. Es decorativo, no sirve para cocinar. Pero me gusta de todos modos, y le tengo mucho cariño. Y un cuscús servido en este tajine me sabe mucho mejor.
La manera correcta de preparar el cuscús es en una "cuscusera", poniendo el caldo en la parte de abajo y dejando que el couscous se haga con el vapor del caldo. Pero en mi cocina no cabe ni un trasto más, y menos si es grande. Así que lo cuezo, siguiendo las instrucciones del envase ya que la cantidad de agua depende del tipo de cuscús.

1 calabacín en trozos, hecho al vapor
2 berenjenas cortadas en dados
1 melocotón cortado en dados
1 c.c. ras-el-hanout
2 c.s. miel de caña
1 taza de cuscús

Por un lado, hacer el calabacín al vapor (en la olla exprés, con el wok...). También se puede hervir, pero la consistencia no queda igual.
Rehogar las berenjenas con el ras-el-hanout, y cuando estén hechas añadir el melocotón y por último la miel de caña, removiendo hasta que la berenjena se caramelice.
Servir poniendo el cuscús, formando una pirámide, la berenjena encima, y el calabacín alrededor.

lunes 13 de julio de 2009

Resumen hortícola de primavera

"Comer es un acto agrícola", como bien escribió Wendell Berry, y con ello se refería a que no sólo somos pasivos consumidores de comida, sino que participamos en la creación de los sistemas de los que nos alimentamos. Dependiendo de cómo lo empleemos, el dinero de la compra puede ir a apoyar una industria alimentaria dedicada a la cantidad, la comodidad y el valor o puede nutrir una cadena alimenticia que gire en torno a valores como la calidad y la salud. Sí, comprar de esta manera cuesta más dinero y más esfuerzo, pero cuando empiece a considerar ese desembolso no como una compra simplemente, sino como una especie de voto -un voto por la salud en el sentido más amplio-, la comida dejará de parecerle el lugar más inteligente para economizar.
Michel Pollan, "El detective en el supermercado"


La primavera ha sido generosa con nosotros. Lechugas, rabanitos, espinacas, canónigos, guisantes, algún calabacín, más de 20 kilos de fresas..... Ahora ya apuntan los primeros tomates, aún verdes, las fresas han ralentizado su producción adormiladas por el calor del verano, los calabacines y las calabazas se han extendido por toda la huerta, y los pimientos y las berenjenas van creciendo poco a poco.
No hemos tenido grandes problemas, excepto unas molestas orugas negras que parecen disfrutar de lo lindo comiéndose las hojas de nuestras fresas. Pero incluso en ese caso ha quedado demostrado que respetar el equilibrio biológico, no usando ningún tipo de guarrería química, es efectivo. Repentinamente tuvimos una invasión de saltamontes, no sabíamos por qué. Pues bien, esta invasión coincidió con la aparición de las orugas. Los saltamontes vinieron a comerse las larvas de las orugas, restableciendo así el equilibrio en la huerta sin necesidad de químicos. No se a vosotros, pero a mí estas cosas me siguen maravillando.

jueves 9 de julio de 2009

París-San Francisco, vía Canarias: miche Poilâne transatlántica

Este es un pan hecho con mucho cariño, con tiempo, con mimo, atención y buenos ingredientes. El resultado ha sido el mejor pan que he hecho hasta la fecha. Profundo sabor, cambiante según lo masticas, va ganando a medida que pasan los días.
El pasado domingo por fin pude dedicar tiempo a algo que tenía pendiente: usar mi masa madre de San Francisco (¡gracias, QJones!) y la harina chez Poilâne que me traje de París. La masa madre la había estado alimentando periódicamente y la había usado para hacer tortitas, que por cierto salen con un sabor maravilloso con la SFS. Pero aún no había hecho un pan con ella, al menos no un pan que estuviera a la altura.
La receta no la voy a volver a escribir porque seguí exactamente los mismos pasos que la otra vez (podéis verla aquí). Eso sí, esta vez, en lugar de mezclar harina integral y harina 0, toda la harina que usé fue la auténtica harina Poilâne. Ya sé que parece una pijada, puro esnobismo. Bueno, pues tengo que reconocer que no, que la diferencia se nota, y se nota mucho. La harina del menda es realmente buena. Molida a la piedra, se nota en el color, cremoso, debido a los betacarotenos que se adhieren a la harina al aplastar las piedras el germen del trigo y extraer los aceites, algo que no ocurre en la molienda industrial con rodillos. Luego la filtran hasta conseguir una tasa de extracción del 90%. Así que está a medio camino entre la harina blanca y la integral. Es una harina que huele, y huele bien. Es cara, supongo que porque pagas también el hecho de comprarla en la panadería más famosa de París, pero después de haber hecho pan con ella creo que fueron unos euros muy bien invertidos. Y lamento haber traído sólo dos kilos.
La miga es un poco oscura, con alveolos regulares, y la corteza es gruesa y bien tostada.
Podéis comparar con el original aquí.

No hubo tiempo para muchas más visitas gastronómicas, aunque no pude evitar pasar por la pâtisserie de Monsieur Mulot, donde se venden los mejores macarons de París (désolée, señor Hermé). De todos los colores y sabores, a Daniel le han parecido demasiado dulces, pero si sois de los míos, de los que no conciben que esas dos palabras juntas sean algo negativo, seguro que os gustan. Son delicados como nubes. Y tan bonitos, un placer para la vista y el gusto.

Y, por supuesto, volví cargada de libros. La bande dessinée (los comics franceses) me pierden. Así que aproveché para llevarme un cargamento.

Un último consejo. Para cenar bien por París sin que os timen y saliendo de los circuitos turísticos id a la Rue de la Butte aux Cailles. A "Chez les filles" si queréis dejaros pocos euros (12 euros el menú incluyendo postre, ¡inaudito en París!) o a "Le temps des cerises", si no os importa pagar un poco más y queréis probar platos del suroeste (foie, magret).

Boulangerie Poilâne
8 rue du Cherche-Midi
Paris 6ème

Pâtissier Gérard Mulot
76 rue de Seine
Paris 6ème

Restaurant Chez Les Filles
25 rue des Cinq Diamants
Paris 13ème

Le temps des cerises
18 Rue de la Butte-aux-Cailles
Paris 13ème

domingo 5 de julio de 2009

Rosca de aceite


Esta es la primera receta que he sacado del "libro de los maestros panaderos". No es un libro demasiado pedagógico, no explica lo que es la masa madre ni nada de eso, va directamente al grano, y además da las cantidades a tamaño industrial (p.e. 10 kilos de harina para hacer estas roscas). No es un libro para los que empiezan en esto del pan. Pero me gusta porque hay recetas de todos los rincones de España y se puede ver la diferente tradición panadera de cada zona: varios tipos de cocas valencianas, hornazo de León, rosquillas de Alcalá, llonguet catalán, pestiños, floretas.... Y además las recetas son auténticas, por ejemplo esta rosca es una receta de Senén Buitrago, que tiene su tahona en Carrión de Calatrava. Y o bien es una receta típica de la zona, o bien las distribuye a otros pueblos, porque las venden en Ruidera, doy fé porque yo las he comido allí.
Otra cosa que me gusta es que para cada receta te indican la fuerza de la harina que necesita con el valor W (no es que me guste el valor W en sí, prefiero la clasificación francesa, pero algo es algo). El valor W te dice la capacidad de una harina para producir una pieza de pan bien crecida y de gran volumen. Una harina con W=100 es una harina débil, y para panificación se usan harinas con W mayor de 170, que se consideran de fuerza. Estaría bien que las empresas que venden harina en España se acostumbraran de una vez a poner el valor de panificación de la harina. Podéis leer más acerca del tema aquí.

Ingredientes (para una rosca)

500 gr de harina de fuerza (W=180)
175 ml de agua
50 ml de aceite de oliva
5 gr de anís en grano
10 gr de sal
100 gr de masa madre
10 gr de levadura fresca de panadero

Amasar juntos todos los ingredientes hasta conseguir una masa dura. Con un rodillo, aplastar la masa formando una lámina repitiendo el procedimiento varias veces (lo llama refinar). Formar una bola, y con esta bola formar una rosca haciendo un agujero en medio con los dedos y estirando. Yo hice sólo una rosca, pero creo que debería haber hecho dos porque las roscas originales son mucho más finas que la mía.
Dejar fermentar hasta que doble su volumen inicial.
Hacer 5 o 6 cortes en la rosca y hornear a 200º 30 minutos con poco vapor.

Es perfecta para los desayunos, al llevar aceite sale un poco "abriochada", y se conserva en muy buen estado una semana.

miércoles 1 de julio de 2009

Pastela marroquí de pollo (versión sin gluten)


Tengo trabajo retrasado, pero ha llegado el bendito horario de verano :)
Esta pastela o bastela (pastilla para los franceses) la preparé antes de irme a París, y se me ocurrió a raíz del HEMC#34, organizado por Kako cuyo tema fue la cocina oriental. La pastela es un plato de origen andalusí, llevado a Marruecos por los moriscos expulsados de Al Andalus, y allí cambió la p por una b ya que en árabe no existe el sonido "p".
Uno de los platos que presentamos al HEMC fue un Tajine de pollo con naranja y especias, y con los restos del pollo preparamos esta pastela. No es muy ortodoxa, aunque la verdad que el sabor quedó clavadito al de la auténtica. Y es rápida de hacer, siempre que contemos con sobras de pollo. El relleno es una mezcla de dulce y salado, y en lugar de usar hojas de masa brick utilicé obleas de arroz de las que se usan para los rollitos de primavera (llevan harina de arroz, almidón de tapioca, agua y sal). Además, hice pequeñas pastelas en versión individual, de manera que resultan ideales para un aperitivo.

Para 8 pastelas individuales (4 personas):

8 obleas de arroz, de las de hacer rollitos de primavera
150 gr de pollo desmigado (se puede usar del que sobra de un cocido, por ejemplo :)
1 zanahoria
1 cebolla
1/2 puerro
1 puñado de almendras fritas, picadas
1 cucharadita de ras-el-hanout
1/3 de cucharadita de canela en polvo
1 cucharadita de miel
aceite de oliva

azúcar glas y canela para decorar

Cortar la zanahoria, la cebolla y el puerro en juliana. En una sartén, rehogar todo con un poco de aceite de oliva. Cuanto esté hecho, añadir las almendras y las especias, la miel y por último el pollo desmigado. Comprobar el punto de sal. Reservar.
Precalentar el horno a 180º.
Preparar un bol con agua, en donde tendremos que remojar las obleas de arroz durante unos 20 segundos hasta que se ablanden. Poner unas cucharadas de relleno en la oblea, cerrar los extremos de arriba y abajo y enrollar.
Poner en una bandeja de horno, con el cierre del rollito hacia abajo. Pincelar con aceite de oliva.
Hornear las mini-pastelas unos 10 minutos o hasta que empiecen a dorarse.
Antes de servirlas, espolvorear con azúcar glas y canela.

Dedicada especialmente a todos los amigos del maizal ;) Sigo pensando que vuestros blogs no tienen nada de micronicho, dado lo bien que nos acogéis a todos.


lunes 29 de junio de 2009

Comer en Barcelona


Bueno, ¡pues ya estoy de vuelta!
La verdad que no he tenido mucho tiempo para disfrutar de la gastronomía ni las boulangeries de París, el congreso empezaba a las 8:30 y terminaba a las 19:00, y no terminaba con muchas ganas de juerga. Aún así, algo pude aprovechar, pero eso os lo contaré cuando tenga tiempo de ponerlo por escrito.

Como sabéis en mayo pasamos unos días en Barcelona y, por una vez, fui organizada e hice una lista de los restaurantes que más me gustaron, por si a alguien le podía servir de guía para una futura visita. Tenía pendiente publicarla, pero junio ha sido un mes complicado y no conseguía sacar tiempo. Aprovechando ratos tontos en aeropuertos (que he tenido unos cuantos) por fin aquí está.

Barcelona me gustó mucho, aunque había tantos turistas que en un momento dado tuve una crisis y comprendí a Vicente Verdú cuando escribe que los cascos antiguos de las ciudades se han convertido en parques temáticos, en productos de consumo de masas creados por el capitalismo de ficción. Porque, me vais a perdonar que esto suene fatal, pero, ¿realmente pensáis que ese obeso turista americano, que lleva una camiseta de Cancún y una gorra de Kenia, realmente ha sentido alguna vez una desasosegante inquietud por la arquitectura modernista? ¿O, más bien, está haciendo cola para ver la Casa Batlló porque lo pone en la guía que es "lo que hay que ver" y punto? A veces me entran estos ataques de existencialismo, así que finalmente optamos por dar largos paseos por barrios menos céntricos, como por ejemplo el barrio de Gracia, que me gustó mucho con sus plazas y sus bares, y con su gente de verdad viviendo allí, paseando a los churumbeles y montando en bici, o por el Poble Sec y la zona del mercado de San Antonio. No fui capaz de hacer cola para ver la Sagrada Familia, tampoco la Casa Batlló por dentro, no.....pero, a cambio, disfruté de la gastronomía catalana que, tengo que decirlo, es de quitarse el sombrero. Estos fueron los sitios que probamos y que más nos gustaron:

Patxoca (Mercaders, 28)
un pequeño restaurante en el Born, en el que sirven comidas preparadas con productos ecológicos y de la región (en la medida de lo posible). Su lema es cocinar como en casa. Y la verdad que sí, es de esos sitios en los que la comida te sienta tan bien como si la hubieras preparado tú misma. Nosotros cenamos ligero, compartimos unos buñuelos de bacalao (perfectos, me recordaban a los de mi madre, que ya es decir) unas croquetas de espinacas y piñones (también muy buenas, bien fritas, nada grasientas) la lasagna de verduras (llevaba alcachofas, lo cual es señal de que, efectivamente, cocinan con productos de temporada) y el coulant de xocolata que, buena señal, tardaron un rato en servirlo. Cuando le preguntamos a la chica si se le había olvidado nos dijo que no, que es que ellos no lo recalientan sino que lo preparan en el momento. Chapeau. Salimos dos personas por 31€, incluyendo la bebida.

Pla dels angels (Ferlandina, 23)
este restaurante nos lo recomendó Lola, cocinera barcelonesa afincada en Tenerife. Y no nos defraudó. Está en El Raval, y en su terraza hay muchos turistas, pero a pesar de eso mantiene su calidad. No sé cómo definir la cocina, ¿mediterránea quizá? Compartimos una ensalada de temporada, y yo tomé unos gnocchi con calabaza y pipas, y Daniel el confit de canard con salsa de ratafia. Mis gnocchi estaban buenos, pero el confit de Daniel estaba mucho mejor, hacía tiempo que no probaba un confit tan tierno. De postre, como no, crema catalana. Pagamos 32€, dos personas, incluyendo un par de Moritz.

Carmelitas (Carrer del Carme, 42)
en El Raval también. Este restaurante es un poco más caro, pero comimos muy a gusto, todo estaba perfecto y el servicio era estupendo. Me gustó además que son capaces de hacer cocina regional (los productos que utilizan son de la región siempre que sea posible) pero le daban un toque contemporáneo. Nos tomamos de aperitivo unas bravas con un vermú, y luego compartimos una ensalada del huerto, y yo tomé una dorada al horno y Daniel un entrecot. Esta vez acerté yo, definitivamente preparan mejor los pescados, ya que la carne estaba bien preparada pero el corte no era bueno. De postre pastis de queso mató y crema catalana. El pastís estaba de morirse de bueno, ¡y eso que a mí no me gusta el queso! El precio, 50€ dos personas (inlcuyendo vino blanco de la casa) es más elevado que los otros restaurantes, pero yo creo que lo merece.

La flauta (Aribau, 23)
en el Eixample está este restaurante que recomendó Sol en su blog.
Como era mediodía tomamos el menú, a 12 euros más o menos. Daniel el huevo poche albertina de primero, y lenguado y calamarcitos de segundo. Y yo, trinxat de col amb virutes de pernil, y flauta de butifarra negra con berenjena. De postre, para qué cambiar, ¡crema catalana! Todo estaba muy bueno, y la relación calidad-precio es inmejorable, por eso se forma una laaaarga cola a la entrada. Si queréis ir a mediodía os recomiendo ir temprano.

Bouzu (Ronda de Sant Antoni, 26)
en el Poble Sec, cerca de la plaza de San Antonio, está este japonés de tapas regentado por japoneses. Como no he estado en Japón no sé deciros si es muy auténtico a no, pero nos gustó mucho. Tomamos un par de cervezas japonesas, fideos udon con sesamo y cebolleta, gyozas de verduras y cerdo (son una especie de empanadillas hechas al vapor, la verdad que estas parecían más ravioli grandes), okonomiyaki, helado de vainilla con mochi y helado de te verde. Todo por 29 €. Lo que me gustó fue poder comer okonomiyaki, en España no había encontrado aún ningún restaurante donde los prepararan.

En general me horroriza la idea de pasar más de una semana comiendo y cenando fuera, sin poder cocinar, me he vuelto muy puñetera y me quema ir a un restaurante y que me sirvan una comida nefasta, por caro o barato que sea el sitio. Pero en Barcelona me llevé la impresión de que el nivel está muy alto, y todo nos sentó de maravilla en todas partes. En resumen, una visita muy recomendable.

viernes 19 de junio de 2009

París


Pues allá que vamos. En unas horas volamos a Madrid, y mañana a París. Tengo intención de traerme unos kilitos de harina y otras exquisiteces, ya os contaré a la vuelta.
Besos y que tengáis una buena semana.