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jueves, 3 de octubre de 2013

De la huerta a la mesa: wok de okra, calabacín y tomate con fideos de arroz

La preciosa flor de la okra, pariente del hibisco
Y la preciosa flor del calabacín

La okra, gumbo, quingombó o bhindi, que son algunos de los nombres populares con los que se denomina al Abelmoschus esculentus, es una planta muy utilizada en la gastronomía criolla del sur de Estados Unidos. Es la base de un plato conocido como gumbo, al que da nombre, y que es uno de los pilares de la cocina cajún. Y el primer lugar donde la probamos fue, precisamente, el Restaurante Gumbo, un sitio en la calle del Pez de Madrid especializado en comida de Nueva Orleans. Allí comimos también tomates verdes fritos, mero y langostinos creole y de postre una tarta de nueces pecanas. Es un restaurante pequeño y acogedor, que abrió sus puertas hace más de 10 años, y D. y yo solemos ir de vez en cuando. Hace años la calle del Pez era una callejuela poco transitada en donde estaba el Teatro Alfil y el bar El Palentino, que nunca supe si es que cerraba muy tarde o abría muy pronto, con su parroquia variopinta de abuelos, supervivientes de los 80, putas de la cercana Ballesta, punkarras y alternativos varios. Luego abrió El Pez Gordo, más tarde el Gumbo, y hoy en día se ha convertido en una zona bastante hipster (y no lo digo como un halago). Pese a eso sigue mereciendo la pena ir, ya que los tres sitios de referencia resisten la invasión sin perder su espíritu (bueno, hace mucho muchísimo tiempo que no paso por El Palentino a altas horas de la madrugada, así que ya no sé qué fauna lo frecuenta).

Como podéis ver en las fotos, la okra tiene forma alargada y puntiaguda. Su particularidad es que al cortarla suelta un mucílago que es lo que hace que espese cualquier plato en el que se utilice. Hay a quien no le gusta nada precisamente por eso, sin embargo es lo que la convierte en un alimento excelente para bajar el colesterol, ya que tiene fibra soluble, además de contener mucha vitamina C, vitamina K y folatos.



Nosotros este año plantamos un par de matas de okra. Hace unos años lo intentamos y se nos dio fatal, porque es una planta que necesita mucho calor para germinar y dar fruto, pero en noviembre del año pasado aproveché mi estancia en Lyon para hacer un pedido a Kokopelli y me traje semillas. D., al principio, no daba un duro por ella. Pero este verano ha sido bastante cálido y como podéis ver en las fotos, la planta ha crecido y crecido, y ahora mismo está llena de flores.

Si vais a comprar okras, la manera de saber si están frescas es doblando su punta. Si se rompe, es que está fresca. Si se dobla, es que llevan mucho tiempo en la frutería. Además hay que recolectarlas cuando no son aún muy grandes, porque en cuanto crecen se ponen bastante fibrosas.
 
Nuestra cebolla roja de Guayonje
 

Wok de okra, calabacín y tomate

Ingredientes
1 cebolla roja grande (400 gr) cortada en juliana
300 gr de okra cortada en trozos de 2 cm
2 calabacines pequeños (200 gr) cortados en rodajas de 2 cm
4 tomates grandes de salsa, troceados
5 cucharadas de aceite de oliva virgen
2 cucharaditas de pimentón picante
2 cucharaditas de cilantro molido
1 trocito de jengibre fresco
sal

Fideos de arroz para acompañar.

En un wok muy caliente, pochamos primero la cebolla, removiendo constantemente, hasta que esté transparente. Añadimos las okras, el calabacín y el jengibre, y removemos durante 10 minutos hasta que esté hecho. Añadimos los tomates y el pimentón picante. Cuando los tomates se hayan desecho, añadimos el cilantro molido, un par de cucharadas de agua, ajustamos el punto de sal y dejamos que se cocine tapado otros cinco minutos.
Servimos con cilantro fresco picado por encima.

viernes, 30 de marzo de 2012

Ventanas verdes: cómo hacer tofu casero a partir de las habas de soja


Cuando supe, a través del blog de Lucía, del grupo "Ventanas verdes" y leí su manifiesto, enseguida les pedí a las chicas (Ana, Glória, Heva, Kako, Lucía y Luisa) unirme a su iniciativa, y ellas, a cual más encantadora, me acogieron con los brazos abiertos. 

El reto de este mes consistía en hacer tofu. El tofu es una especie de "queso" de soja, una preparación tradicional de la cocina asiática que, según el McGee, se consume de manera habitual en China y Japón desde el siglo XIV. Se saca la leche vegetal de la soja y se coagula, bien con nigari (cloruro de magnesio) que es lo que usan los japoneses, bien con sulfato de calcio al estilo chino. También hay quien lo cuaja con limón, pero leí que esto producía un tofu más ácido, y como a D. no le gusta mucho lo ácido, y en la tienda eco del barrio tenían nigari (se ve que muchos vegetarianos hacen el tofu en casa), opté por el estilo japo.

Tengo que reconocer que yo no soy nada, pero nada sojera. Lo primero porque la soja es el cultivo transgénico por antonomasia. Monsanto, que es para mi lo que el Barón Ashler era para Koji Kabuto, se las ha apañado para invadir el mundo con su soja transgénica, resistente a un herbicida llamado Round Up (glifosato). La invasión ha llegado a tal punto que ya tiene nombre: sojización. Este proceso consiste en reemplazar los cultivos tradicionales de un país, y no sólo los cultivos, también la selva, por el cultivo de soja. Básicamente, porque de la soja se sacan actualmente los piensos para el ganado que alimenta las crecientes ansias de carne de occidente y, recientemente, también de China. En países en los que la titularidad de la tierra no está muy clara, grandes empresas agroalimentarias llegan, ocupan las tierras, contaminan los campos y acuíferos con el Round Up, que es altamente tóxico, y finalmente los pequeños campesinos que vivían allí y cultivaban en sus campos se tienen que marchar. Como ya dije una vez,  los OGM son un asunto de política y de poder. Sobre todo de poder. Defender los transgénicos es defender que se deje en manos de 4 multinacionales la alimentación mundial.  Nuestra soberanía alimentaria está en juego.  Así que ya sabéis por qué soy tan poco sojera. Y por qué recomiendo que, en caso de que queráis comer soja, lo mejor es que la compréis ecológica y, a poder ser, os informéis de su procedencia, para estar seguros de no estar colaborando con la desertización del Amazonas ni con el exilio campesino en Argentina.

La segunda razón por la que no como mucha soja es porque esta nunca ha formado parte de la dieta mediterránea, y yo soy mediterránea a muerte. A veces creo que estoy poseída por el espíritu de una abuela siciliana que prepara su pasta, sus pizzas, su passata.....todo en casa, por supuesto. Aunque no tengo niños (ni mucha intención de tenerlos, pese a que el señor Gallardón me considere una mujer "de segunda" por no tenerlos), definitivamente hay algo "abuelil" en esta actitud mía de rechazar lo industrial.

Así que hasta el momento he huido de la soja como de la peste. A lo sumo, he brotado "falsa" soja (judías mungo) para ensaladas. Pero todo lo poco que tengo de comedora de soja lo tengo de curiosa, y me encantó la idea de aprender a hacer algo nuevo, algo que nunca había hecho y que no tenía ni la mínima idea de cómo se preparaba. Me encanta hacer las cosas desde cero. Además, si sois consumidores habituales de tofu os interesará saber que prepararlo a partir de las habas de soja sale muy económico. El paquete de nigari, que debe dar hasta para preparar tofu 5-6 veces, sale por 1,30 euros. Y medio kilo de soja, que sirve para dos tandas, sale por 1,40 euros. El paquete de tofu ecológico que venden en las tiendas por 3 o 4 euros os saldrá por menos de 1 euro. Interesante, ¿no?

Así que busqué información, y encontré una entrada de La Fuji Mama donde describía perfectamente como prepararlo. Como su blog está en inglés, os dejo aquí mi paso a paso:

Paso 1: hacer la leche de soja

Lo primero que tenemos que hacer es extraer la leche vegetal de las habas de soja. Para ello necesitamos:

1 y 1/3 tazas de habas de soja amarilla
4 y 1/2 tazas de agua

Ponemos las habas en remojo, al menos durante 8 horas.
Trituramos las habas con el agua de remojo, en varias tandas, todo lo finamente que podamos, hasta conseguir un puré espeso.
En una olla grande ponemos a hervir:

5 tazas de agua

Añadimos el puré obtenido en el paso anterior. Cuando hierva la mezcla, bajamos el fuego y,  removiendo constantemente para que no se pegue, lo dejamos 10 minutos más.
Preparamos un colador con un trapo fino encima (yo usé una camiseta vieja) lo suficientemente grande como para que cubra el colador, encima de un bol grande.
Vamos pasando el puré de soja al colador, presionando con una cuchara de palo para que se vaya filtrando la leche de soja, que caerá en el bol. Cuando el puré se enfríe y podamos cerrar el paño, presionamos todo lo que podamos para extraer toda la leche de soja.
Lo que queda en el trapo se llama okara, y se usa para hacer croquetas, galletas, y otros platos asiáticos. Yo esta tarde voy a probar a hacer galletas. Así que guardadlo, ¡aquí no se tira nada!


Arriba a la izquierda las habas de soja en remojo, a la derecha el puré resultante de se triturado, y abajo el puré ya hervido siendo filtrado.

Paso 2: coagular la leche de soja

Una vez que tenemos la leche de soja, la ponemos en una cacerola y la calentamos hasta que alcance los 65ºC (no debe hervir). En este momento retiramos del fuego y añadimos:

2 y 1/4 cucharaditas de nigari disueltas en 1 taza de agua

Removemos suavemente con la cuchara para que el nigari se mezcle bien. Tapamos y dejamos reposar 15 minutos.
Pasado este tiempo veremos que la leche se ha cuajado, y que tenemos unos grumos blancos por un lado y un suero amarillo por otro.


Arriba a la izquierda, el trapo en pleno proceso de extracción de la leche de soja, y a la derecha la leche de soja resultante. Abajo a la izquierda el okara, y a la derecha la leche de soja ya cuajada.

Paso 3: prensado del tofu

Ahora tenemos que prensar la leche cuajada para formar el tofu.
Ponemos un colador con un trapo fino encima. Vamos pasando las cucharadas de leche cuajada al colador, y veremos como se va filtrando el suero,  y lo que queda son los grumos de leche. Cuando se haya filtrado bastante suero, tapamos los grumos con otro trapo, ponemos algo plano encima (un plato de tamaño similar al colador, por ejemplo, yo usé la tapa redonda de un tupper) para que el peso se reparta, y colocamos encima algo bien pesado, como de un kilo o kilo y medio (yo puse una calabaza del huerto).
Dejamos que el tofu se prense por, al menos, 15 minutos. Yo lo dejé media hora.
Cuando el tofu esté firme, lo pasamos con cuidado a un bol lleno de agua fría. Se supone que tenemos que dejarlo 15 minutos con el bol debajo de un chorro de agua corriendo, que no golpee directamente al tofu, pero con la sequía que tenemos en Canarias yo me sentí incapaz de tener 15 minutos el grifo abierto, así que lo dejé en un bol de agua fría y punto.

Arriba a la izquierda, lo que queda cuando se filtra el suero. A la derecha la calabaza haciendo de peso. Abajo el tofu ya prensado, y cortado en cubitos para cocinarlo.

Sacamos el tofu del agua, con cuidado, y si no vamos a comerlo en el momento lo guardamos en el frigorífico dentro de un tupper y cubierto de agua fresca.

El resultado: un tofu mucho más rico que el que venden en las tiendas o sirven en los restaurantes. A mi el sabor del tofu industrial no me decía nada, pero este tiene un suave sabor a soja muy agradable. Como en casa somos casi vegetarianos no descarto prepararlo más a menudo. Lo comimos con un sencillo salteado de tatsoi y puerros de la huerta. Si lo vais a cocinar, tened en cuenta que no es tan firme como el tofu de estilo chino, que es el que habitualmente venden, y se deshace un poco al cocinarlo. La textura, sin embargo, para mi gusto es mucho mejor.
En fin, que ha sido un placer unirme al grupo de Ventanas Verdes, ¡gracias chicas!

Os animo a que abráis el resto de Ventanas Verdes:

Ana: tofu griego
Glória: pastís amb crema de llimona de tofu
Heva: triffle de tofu, chocolate y cítricos
Kako: tortilla de zanahoria y tofu
Lucía: tofu
Luisa: albóndigas de tofu y crema de tofu

jueves, 28 de julio de 2011

De la huerta a la mesa: col china al wok con tallarines

Llevo una semana bastante cabreada. Un individuo (un científico español, aunque no sé si merece el nombre, el de científico, quiero decir) acaba de publicar un panfleto en el que se dedica a poner a parir la agricultura ecológica y a defender las transgénicos. Mi cabreo es monumental porque este individuo en cuestión tiene intereses, claros y demostrados, en la industria OGM, y ha aprovechado lo de ser profesor universitario para que su panfleto pase por verdad absoluta, aunque no aporta ni una prueba de su afirmación de que los alimentos ecológicos no son más saludables, mientras que otros estudios, estos serios, demuestran que sí lo son, como ya os comenté aquí. La información que aporta es pura manipulación, en el enésimo intento de la industria OGM por atacar lo ecológico. Y mi cabreo es doble porque viendo el currículo del individuo no acierto a entender cómo ha llegado a profesor, cuando su nivel de publicaciones está en el de un postdoc mediocre, lo que reafirma mis sospechas de que o bien algo huele a podrido en el sistema científico español o bien la sombra de la Garmendia es, efectivamente, muy muy alargada. Y no os doy el nombre del científico ni del panfleto porque no quiero hacerle publicidad.

Y ahora al plato, que me voy por las ramas, y además necesito alegrarme y la visión de mi huerta es suficiente para quietarme las penas.

La gracia de esta receta son, sobre todo, los ingredientes, que proceden de nuestra huerta. Las zanahorias, las cebollas, los puerros y la enorme col china. La col china viene de semillas que nos regaló Au. Ya os he dado mucho la lata con lo maravilloso que es comer verduras que has visto crecer, verduras recién cosechadas, que sabes perfectamente qué tienen y qué no tienen. En este caso, además, sabíamos hasta de donde venían las semillas.
La col china, Brassica pekinensis, es una verdura rica en vitaminas A y C, aunque no se debe consumir en exceso ya que contiene glucosinolatos, que aunque previenen el cáncer en pequeñas dosis en grandes dosis pueden ser tóxicos.
Y como es una receta sencilla que se basa en la materia prima, decidimos cocinar con el wok para preservar al máximo el sabor de la verdura. Un wok de hierro fundido tiene la ventaja de calentarse mucho de manera que la comida se hace rápidamente sin perder sus nutrientes. Las verduras quedan crujientes pero no crudas, un punto que es muy difícil de conseguir con una sartén normal.

Para cocinar en wok hay que seguir unas pautas:
  • tener todo preparado antes de poner el wok al fuego
  • calentar el wok a fuego vivo
  • cortar todo y dejar las salsas preparadas, porque una vez puestos en faena, tendremos que remover constantemente lo que hayamos puesto al fuego, porque se hace realmente rápido, de manera que no nos dará tiempo a andar pelando y cortando otros ingredientes
  • cortar todo en trozos de un tamaño uniforme, y no demasiado grande
  • ir añadiendo las verduras por tandas

En este caso, pelamos y cortamos todas las verduras y preparamos una salsa con dos cucharadas soperas de salsa de soja tipo japonés y una cucharada de miel diluída con un poquito de agua. En este vídeo podéis ver cómo se prepara la col china.
Ponemos el wok al fuego, cuando ya estaba un poco caliente pusimos un poco de aceite de oliva virgen en el fondo, no demasiado, esta es otra ventaja del wok, que se puede cocinar sin apenas aceite. Cuando esté bien caliente el aceite, se rehogan las verduras removiendo constantemente. Cuando estén a punto se añade la salsa. Como está tan caliente, la salsa empezará a hervir rápidamente, y en cinco minutos las verduras estarán en su punto.
Previemente habíamos preparado unos noodles al huevo. La manera de prepararlos depende del tipo de noodles, en este caso había que hervir agua y añadir los noodles justo cuando hierve, retirar del fuego, tapar, dejar 5 minutos, y al colador.
Añadir los noodles al wok y mezclar bien. Una vez preparado, hay que servir rápidamente y comer bien caliente.
El wok hay que limpiarlo con una esponja y agua sin jabón. No se debe dejar sucio mucho tiempo ni tampoco con agua, para que no se oxide. Una vez limpio, aplicar una capita de aceite. De esa manera se conservará en óptimas condiciones durante mucho tiempo.


martes, 7 de junio de 2011

operación #1kilopepino: oi naeng guk - gazpacho coreano de pepino


Con un día de retraso (acabo de volver de viaje) pero aquí va mi receta con pepino, o mejor dicho, la primera de las que quiero hacer en junio. Como ya sabéis está en marcha la operación ¡Pon un pepino en tu cocina!, así que a lo largo del mes de junio espero vuestras recetas. Ya me habéis enviado muchísimas, ¡vamos a hacer un  recetario estupendo!

Este plato me lo preparó mi hermana P. hace años, una calurosa noche de verano cuando vivía en Fuenteovejuna (sí, sí, el el pueblo del libro, es que P. ha dado muchas vueltas). A ella le enseñó a prepararlo un amigo coreano. Desde entonces quería pedirle la receta, y el evento pepináceo me ha dado la excusa. Mezclé su receta con algunas que vi en internet, y saqué este gazpacho coreano de pepino. Es muy refrescante, y está más rico de un día para otro, y servido muy, muy frío.

Ingredientes

cs = cucharada sopera
cc = cucharada de café

1 pepino pelado y rallado, o cortado en juliana muy fina (~600 gr, si es uno del tipo holandés)
1 trocito de cebolla, cortada en juliana, muy fina
1 cs de vinagre de miel
1 cs de salsa de soja (del tipo japonés, salsa de soja fermentada)
2 cs de sésamo
1 cc de sal
1 cc de azúcar moreno
1cs de menta fresca picada
1 cs de albahaca fresca picada
1 taza de cubitos de hielo
3 tazas de agua muy fría

Mezclamos el pepino rallado con la cebolla en juliana, las hierbas picadas, el sésamo, el vinagre, la soja, la sal y el azúcar, y dejamos macerar en el frigorífico durante un par de horas. Añadimos el agua fría, y cuando lo vayamos a sevir añadimos los cubitos de hielo.

Como véis es sencillísimo. ¡Espero vuestras recetas!