jueves, 24 de febrero de 2011

Recetas tradicionales: pan candeal, el pan de Mari


El pan candeal, o pan "sobado", es uno de los más tradicionales de todos los panes que se elaboran en España. Era el pan que se  hacía en las casas y el que se continúa haciendo en las tahonas de algunos pueblos, sobre todo en Castilla, como podéis leer en el maravilloso blog de Manel, Panis Nostrum, que es toda una enciclopedia de saber panarra.
Estos panes tienen tres características que los diferencian del resto:
  • la tasa de hidratación, que es muy baja, de un 50% o menos,
  • el procesado, mediante refinado en lugar de amasado. La técnica del refinado consiste en estirar la masa  varias veces con ayuda de un rodillo,
  • el número de levados, sólo uno en lugar de los dos habituales.
Además, el pan candeal se hacía con la harina del trigo candeal, un tipo de trigo antiguo, con alto contenido en proteínas pero menos gluten que el trigo que se comercializa actualmente, parecido al trigo barbilla que hemos sembrado en nuestra Isla de Pan. La harina que se consigue con este trigo tiene por lo tanto menos fuerza que la harina convencional, y no es apta para la elaboración de pan industrial, con sus amasados a toda velocidad y sus ingentes cantidades de mejorantes y levaduras químicas. Es una harina que precisa de amasados suaves y tiempos de levado largos, como se hacía el pan tradicionalmente. Por eso se abandonó su cultivo. Y por eso nosotros queremos recuperarla.
Cada vez hay menos pueblos en donde se siga elaborando este pan de manera tradicional. Ruidera, el pueblo que da nombre a las famosas Lagunas, es uno de ellos. Allí Mari y su familia llevan varias generaciones elaborando roscas y hogazas. No sé si ellos son conscientes de estar haciendo pequeñas joyas de la tradición panadera española. Pero a mi me maravillan sus panes, con esa miga prieta y esa corteza gruesa. Si pasáis cerca de Ruidera, no dudéis en acercaros a su panadería.
Esta es la panadería de Mari:


Y estos son sus panes:

Roscas y panes candeales de Mari, en Ruidera

Estas navidades pasé unos días en Ruidera, en casa de mis suegros, y aproveché para traerme un par de kilos de su harina para hacer este pan.

Elaboración del pan candeal

Para fermentar el pan candeal tradicionalmente se usaba un trozo de masa de una hornada anterior, así que yo he usado masa madre ajustando las cantidades de agua y harina para obtener una tasa de hidratación adecuada. Con estas cantidades sale una hogaza candeal de aproximadamente 1 kg con una tasa de hidratación del 50%:

240 gr de masa madre al 100% de humedad
600 gr de harina de trigo candeal
240 ml de agua
8 gr de sal

Es muy importante que la tasa de humedad de este pan no sea superior al 50%. Es la manera de conseguir esa miga prieta y esa ausencia de alvéolos. Como dice Manel, olvidaos de usar amasadora, pocas máquinas resistirían esta masa tan compacta. De hecho, yo no conseguí reducir la tasa más del 50%, ¡no conseguía que mi masa asimilara más harina!
Amasamos lo justo para tener una masa homogénea, pero no más. No queremos que se desarrolle el gluten más de la cuenta. A continuación, y sin dejar levar la masa, procedemos a "refinarla". El proceso de refinado consiste en estirar la masa con ayuda de un rodillo, plegarla y volverla a estirar, así varias veces. Yo repetí el proceso unas 4 o 5 veces, hasta que me cansé. Si veis que es muy difícil estirar la masa, dejadla reposar un momento para que se relaje el gluten y luego continuáis.



A continuación se bolea la masa, se aplasta ligeramente, se hacen los 5 cortes tradicionales y unos agujeros (con ayuda del termómetro del horno, si tenéis) para que la hogaza se hornee de manera homogénea, y se decora, con ayuda de algún cortador de galletas, por ejemplo.


Se pincela con agua (pero sin poner agua en los cortes) y se deja levar tapada con un plástico hasta que veamos en los cortes las burbujas que produce la fermentación (yo lo tuve hora y media).
Precalentamos el horno a 200ºC, con la piedra dentro pero sin vapor.
Volvemos a pincelar el pan con agua, y lo ponemos encima de la piedra con ayuda de la pala. Horneamos 40 minutos, y al sacarlo lo ponemos a enfriar en una rejilla.

Y ahora a analizar el resultado: la miga me salió como esperaba, prieta y suave y sin gelatinizar. La corteza se aproximó bastante, era gruesa y aguantó el paso de los días sin ponerse blanda. Pero el aspecto no es exactamente el de un pan candeal, los cortes crecieron demasiado y se tostaron demasiado y la corteza quedó demasiado brillante. Puede que sea porque tengo que hacer cortes más profundos o quizá puse demasiada masa madre y creció demasiado. Ya os informaré de los nuevos intentos, aunque si seguís los pasos básicos conseguiréis un pan candeal bastante decente.

Si os interesa la elaboración de los panes "sobados" os recomiendo visitar el hilo sobre el tema que hay en el foro del pan, aquí. Y también os invito a leer esta preciosa historia que escribió Iban en su blog "La memoria del pan".

jueves, 17 de febrero de 2011

10 razones para cultivar un huerto, il faut cultiver notre jardin!

Hace mucho que no os daba la lata con el huerto. Y es que los últimos meses varias razones nos han mantenido más alejados de la tierra de lo que hubiéramos deseado. Razones familiares, pero también razones logísticas. La razón logística consistió en que por motivos ajenos a nuestra voluntad tuvimos que dejar el terreno que tuvimos alquilado los últimos años. Una pelotera entre la propietaria de la tierra y la chica que alquilaba las huertitas nos puso a todos de patitas en la calle. Un lío, vaya, sobre todo porque un tercio de nuestro terreno estaba ocupado por fresas, las niñas de nuestros ojos, que son plantas que duran varios años y que no estábamos dispuestos a dejar allí. Yo sólo tenía clara una cosa: no quería quedarme sin huerto. He llegado a un punto en el que lo de la huertita se ha convertido para mi en un desahogo, una terapia..... si estoy de mal humor se me pasa, si estoy triste el contacto con la tierra me ayuda a relativizar las cosas... En fin, que había que encontrar una solución. Afortunadamente ahí estaba nuestro amigo R., nuestro compañero de trigo, que nos acogió en su huerta, a nosotros y a nuestras 100 pequeñuelas, así que ahora estamos empezando una nueva etapa huertana.
Todo este lío unido a los sucesos de los últimos meses han hecho que recuerde a menudo la frase con la que termina Cándido o el optimismo, la novela de Voltaire. Es increíble como para algunas cosas los seres humanos hemos cambiado poco, ya que en el fondo seguimos teniendo los mismos problemas de los que trata esta novela del siglo XVIII. En ella Cándido se dedica a recorrer el mundo persiguiendo a su amada Cunegunda, y por el camino le suceden todo tipo de infortunios, aunque el protagonista mantiene su filosofía de que "todo sucede para bien en el mejor de los mundos posibles". Cándido se encuentra en su camino a todo tipo de personajes, ricos aristócratas y pobres mendigos, y se sorprende al darse cuenta de que todos  ellos, tanto los ricos como los pobres, los monjes o las duquesas, le confiesan que se consideran las personas más desdichadas de la tierra. Al final de su viaje, Cándido, tras ver tantas desgracias, pierde por completo su acostumbrado optimismo, pero entonces conoce a un hombre que se considera afortunado y feliz, un hombre que se dedica a trabajar su huerta cerca de Estambul. Allí se establece Cándido con sus compañeros de viaje, y termina su largo viaje en busca de la felicidad diciendo "il faut cultiver notre jardin". Hay que trabajar nuestra huerta. Hay múltiples interpretaciones de este final, pero para mi está claro: la tierra es lo que permanece, y estar en contacto con ella y cuidarla nos ayuda a centrarnos y valorar lo que de verdad es importante. O como dice R., ¡menos hablar y más trabajar!
Así que tras tanta meditación pensé que si os daba las 10 razones por las que merece la pena dedicar el escaso tiempo de que disponemos a cultivar una huerta quizá alguien más se animaría a ponerse manos a la obra. Estamos en febrero, hay que empezar a hacer semilleros, así que es el momento ideal para empezar, ¡no lo dejéis para junio!
Estas son mis 10 razones para cultivar una huerta:
  1. Porque no hay productos más frescos que los recién recogidos de la huerta, y el sabor es absolutamente imbatible.
  2. Porque conocer el cultivo es la única manera de saber cuando un producto es de calidad, cuando está fresco y cual es verdaderamente la temporada de cada producto.
  3. Porque cultivando nos cultivamos, aprendemos los cuidados que necesitan los cultivos, y a su vez nos cuidamos tanto físicamente como mentalmente.
  4. Porque reducimos nuestra huella ecológica, y hacemos nuestro aporte al eliminar CO2, de manera activa (lo que consumen tus hortalizas) como pasiva (lo que no tiene que ser transportado ni enfriado para ser comprado en el supermercado).
  5. Porque nos ayuda a conocer nuestro entorno, el clima, las estaciones, y recuperamos la relación directa con el medio.
  6. Porque devolvemos a la tierra parte de lo que la tierra nos da. Cultivar de manera ecológica enriquece los suelos y los vuelve más fértiles.
  7. Porque contribuímos a la biodiversidad, creando verdaderos micro-ecosistemas en nuestros cultivos compuestos por lombrices, gusanos, arañas, saltamontes, abejas, pájaros...y mas aún si cultivamos semillas locales de variedades que no le interesan a la industria por motivos económicos.
  8. Porque aprendemos a trabajar en equipo, si es una huerta comunitaria.
  9. Porque aprendemos a valorar la agricultura como se merece, y entenderemos que para comprar productos nutritivos y sabrosos es necesario que el agricultor reciba un precio justo por ellos.
  10. Porque mejoramos el aspecto de nuestro paisaje, recuperando probablemente un poco de esa superficie agraria abandonada y por tanto entristecida.

Y ya si os animáis a sembrar trigo, al nirvana directos. El nuestro ya nos llega por las rodillas.

lunes, 14 de febrero de 2011

Daring Cooks Feb'11: homemade tsukimi soba & tempura - fideos de alforfón caseros "para ver la Luna" y tempura

Tsukimi soba. Fideos para ver la Luna. Desde que vi el nombre de esta receta en el libro Clásicos vegetarianos del mundo, de Celia Brooks, supe que tenía que prepararla. Porque, a ver, ¿a quien no le gusta mirar la Luna? Cuando éramos pequeños a mi hermano y a mi nos encantaba pasarnos horas en el porche de la casa en la que veraneábamos mirando el cielo, por la noche. En verano no había normas y nos dejaban estar allí fuera todo lo que quisiéramos, y más de una vez nos quedamos dormidos en las tumbonas. Luego cuando tuve mi primer telescopio me subía a la azotea de nuestro edificio y me dedicaba a mirar la Luna tratando de reconocer los mares y cráteres: el mar de la tranquilidad, el de la serenidad, el cráter Tycho.... Ahora la veo desde el observatorio, en el precioso cielo lleno de estrellas que se ve desde aquí, y todavía me gusta mirarla. Al fin y al cabo es lo que tenemos "más acá" de esa inmensidad que hay "más allá". Es familiar e inalcanzable a la vez.

La Luna y Saturno, chiquitito, a la izquierda. Fotografía de Daniel López: http://www.cielosdelteide.com/
The February 2011 Daring Cooks’ challenge was hosted by Lisa of Blueberry Girl. She challenged Daring Cooks to make Hiyashi Soba and Tempura. She has various sources for her challenge including japanesefood.about.com, pinkbites.com, and itsybitsyfoodies.com

El reto de los Daring Cooks del mes de febrero lo eligió Lisa de Blueberry Girl. Eligió como reto que hiciéramos soba y tempura.
Para mi el auténtico reto era hacer los fideos. Los soba son un tipo de fideos japoneses que se hacen con alforfón. Hace un tiempo, cuando hice las galettes bretonas, ya os hablé del alforfón. El alforfón, mal llamado trigo sarraceno en español, es una planta de la familia de las poligonáceas, pariente del ruibarbo y la acedera. A pesar de que en castellano se le llame trigo, ni es un cereal, ni contiene gluten, aunque contiene un mucílago que hace que las masas hechas con alforfón tengan una cierta consistencia. Esta planta es capaz de soportar muy malas condiciones climatológicas y su ciclo de crecimiento es muy rápido, madura en un par de meses, y ese es el motivo de su presencia en zonas en las que plantar trigo puede ser problemático. Su sabor es fuerte, quizá un poco amargo. Es un sabor que no deja indiferente.
Los fideos soba pueden ser de varios tipos. Están los towari soba, con un 100% de alforfón, los ni-hachi soba, con un 80% de alforfón y un 20% de trigo (ni-hachi es dos-ocho en japonés), los hegi soba, condimentados con algas.... yo me lancé con los ni-hachi porque, para ser la primera vez que los hacía, me parecía más sencillo. Miedo escénico, quizá. El resultado me sorprendió porque fue una masa muy manejable y extensible. Quizá una vez hervidos son más quebradizos que los fideos de trigo, pero a la hora de hacerlos no vi gran diferencia. Ahora que les he perdido el respeto a lo mejor en breve me animo a hacerlos 100% de alforfón.



Ni-hachi soba caseros

120 gr de harina integral de alforfón ecológico (trigo sarraceno)
30 gr de harina blanca de trigo ecológico
50 ml de agua (+ una cucharada sopera)
una pizca de sal

Mezclamos las harinas con el agua y la sal. Amasamos hasta tener una bola homogénea., que no se pegue a las manos pero que no sea muy seca o se quebrará al aplastarla. La cortamos en 4 trozos. Se coge un trozo de masa, se aplasta dejándolo con forma alargada, y se pasa primero por la posición cero de los rodillos de la máquina de pasta un par de veces, y luego sucesivamente por el resto hasta el nivel 5. Se enharina un poco y se pasa por el cacharrito que sirve para cortar. Los dejamos en un plato hasta el momento de hervirlos.


Tsukimi soba - fideos para ver la Luna
(cantidades para dos personas)

1/2 litro de caldo de verduras o caldo de setas
1 trozo de jengibre fresco de 1 cm más o menos, pelado y rallado
1 cucharada sopera de salsa de soja japonesa (o sea, hecha con soja fermentada)
1/2 cucharada sopera de mirin (una especie de vino de arroz)
75 gr de espinacas frescas troceadas
los fideos soba que hemos preparado antes
2 huevos
cebollino fresco, picado

Ponemos agua a hervir en una cacerola.
En un wok, o una sartén profunda y de fodo grueso, ponemos a calentar el caldo, la salsa de soja y el mirin.
Metemos las espinacas en el agua hirviendo de la cacerola y las blanqueamos (las hervimos muy brevemente, medio minuto). Las retiramos del agua con una espumadera y las reservamos, y a continuación hervimos en el mismo agua los fideos durante un par de minutos, los colamos y los reservamos también.
Rompemos uno de los huevos en un taza, y lo dejamos caer con cuidado en el caldo que está hirviendo suavemente en el wok. Lo escalfamos 3 minutos (no queremos que la yema quede dura), y lo retiramos del caldo con una espumadera. Hacemos lo mismo con el otro huevo.

Para servir repartimos los fideos entre los dos tazones, ponemos a un lado de cada tazón un puñadito de espinacas, un huevo escalfado, cebollino picado por encima y a continuación repartimos el caldo.



Tempura

100 ml de agua muy muy muy fría
1 huevo
65 gr de harina
un plato con harina de maíz
una pizca de sal
habicuelas (judías verdes francesas) hervidas brevemente, cortadas en dos
rodajas de calabacín, con piel, partidas por la mitad

aceite para freir

Me ha sorprendido lo fácil que es hacer tempura. Sólo hay que seguir dos normas básica para que salga bien: una, que el agua esté muy fría, para evitar que la masa se vuelva elástica o pegajosa, y dos no remover demasiado, para que no se forme gluten. Siguiendo estas dos normas el éxito está asegurado.
Mezclamos el agua casi helada con el huevo, la harina de trigo y la sal, removiendo lo justo para que los ingredientes se mezclen (da igual que queden algunos grumos). Dejamos la mezcla enfriar en la nevera mientras calentamos el aceite en una sartén (yo la dejé en el congelador 15 minutos).
Cuando el aceite esté bien caliente, vamos pasando las verduras por el plato con harina de maíz (esto es un truco para que se les pegue mejor el rebozado) y luego por el rebozado. Yo usé unos palillos para meter las verduras en el rebozado y me pareció muy práctico.
Freímos las verduras por tandas, para que no baje la temperatura del aceite.
Cuando estén doradas, las pasamos a un plato con papel de cocina para que absorba el aceite sobrante.
Por cierto, que la tempura es un plato que introdujeron en Japón los misioneros jesuitas portugueses y españoles, que en tiempos de cuaresma (témporas) comían pescados y verduras rebozados. De ahí el origen de la palabra tempura. Aunque D. tiene su propia versión de la etimología de esta palabra. Según él, viene de "temperatura", porque la clave de la tempura es freir en aceite muy caliente.


いただきます (Itadakimasu !!) ¡¡Qué aproveche!!
And thanks Lisa, I really enjoyed the challenge!!!!!


Y para terminar os dejo esta foto que hice desde mi "oficina" este sábado, que me ha tocado currar todo el finde (y aún sigo aquí arriba).


martes, 8 de febrero de 2011

Cocina reconfortante para cuando la vida nos supera: guiso de lentejas con berenjena asada


Hoy voy a ser un pelín ordinaria, pero qué jodido es hacerse mayor. Lo jodido no es que tú te hagas mayor, lo jodido es que los que te rodean también se hacen mayores. Y empieza a haber huecos en las filas. Huecos siempre importantes. Huecos anunciados y huecos inesperados. Y huecos que se solapan con otros huecos, cuando aún estás tratando de acostumbrarte, si es que eso es posible, al anterior. Thomas era demasiado joven, aunque se había bebido la vida a grandes sorbos. Había vivido tanto y tan rápido que siempre tenía historias que contar. Y hablaba mucho, a veces demasiado, pero hasta eso lo echaremos de menos. Y cocinaba como los ángeles. 
Ahora P., entre otras cosas, tiene que ocuparse de la cocina. Y dice que la mayor parte de mis recetas le parecen demasiado laboriosas, con ingredientes demasiado exóticos. Bueno, pues aquí va una fácil, rápida, y con ingredientes que se pueden encontrar en cualquier super canario. Se prepara en media hora. Y es muy reconfortante. Para el estómago y el alma.
Para P. Con mucho, mucho cariño. Si os mudaseis a la isla de al lado tu hermanita se ocuparía de la cocina.

Ingredientes, para 4 personas

2 berenjenas
200 gr de lentejas cocidas
3 zanahorias cortadas en cubitos
1/2 pimiento verde troceado
1 hoja de laurel
1 cebolla picada
1 cucharadita de tomillo
2 cucharadas de cilantro fresco picado
2 cucharadas de yogurt natural
aceite de oliva, sal y pimienta

Primero asamos las berenjenas. Para sacarle todo su sabor las asamos bajo el grill. Se ponen en una bandeja de horno, se enciende el grill, y se pone la bandeja cerca del grill, para que las berenjenas se "quemen". Yo las dejo 30 minutos, dándoles la vuelta a los 15 minutos. Es conveniente vigilar y sacarlas cuando empiecen a estar negras. Un vez que las berenjenas se hayan enfriado les quitamos la piel, que sale muy fácilmente, y la carne de las berenjenas la ponemosa escurrir y luego la trituramos y salpimentamos.
Calentamos aceite en una sartén y rehogamos las zanahorias, la cebolla y el pimiento. Cuando estén tiernos, añadimos la hoja de laurel, el tomillo y las lentejas. Cuando se hayan mezclado bien los sabores, servimos en platos con el cilantro picado por encima, unas cucharadas del puré de berenjenas y una cucharada de yogurt natural por encima.

Esta receta está inspirada en una del libro Plenty, de Yotam Ottolenghi.

viernes, 28 de enero de 2011

Pan de Calatrava


Desde que vi en el blog de Laube, ¡Sano y de rechupete!, su convocatoria para participar en un concurso para aprovechar los restos decidí que tenía que participar porque me encantó su alegato contra el despilfarro. Dándole vueltas a qué receta preparar pensé que tenía que ser de pan, porque hago pan todas las semanas y, aunque no suele sobrar, cuando sobra soy incapaz de tirarlo. Así que recordé el Pan de Calatrava que prepara mi suegra y le pedí la receta. Es un postre sencillo, a medio camino entre el pudin de pan y el flan. Fácil de hacer, sano y con la dulzura justa.
Así que esta es mi contribución al concurso ¡Aprovéchame!

Ingredientes:
1/2 litro de leche
1 rama de canela
la corteza de un limón
125 gr de azúcar
150 gr de pan duro en rebanadas
3 huevos batidos

para el caramelo, 4 cucharadas de miel y otras tantas de agua

Poner la leche a calentar con la rama de canela, la corteza del limón y el azúcar. Remojar las rebanadas de pan en la leche y reservarlas en una fuente.
Mientras, precalentar el horno a 180ºC. Preparar el "baño maría", llenando de agua un recipiente más grande que el molde en el que vayamos a hacer el Pan de Calatrava. Cuando la leche hierva, retirarla del fuego, sacar la rama de canela y la corteza del limón y añadir los huevos batidos.
Usamos un molde preferentemente con tapa para que no se seque el pan en el horno. Preparamos el caramelo calentando la miel con el agua a fuego lento, hasta que forma hebra. Ponemos este caramelo en el fondo del molde. A continuación ponemos una capa de pan, una de la mezcla de leche y huevo, y así hasta llenar el molde. Lo tapamos y lo ponemos en el horno dentro de la fuente de agua. Horneamos 30 minutos, comprobando al sacarlo del horno que esté hecho, pinchando con una aguja que tiene que salir limpia.

viernes, 21 de enero de 2011

De la huerta a la mesa: soufflé de tupinambos y queso de cabra de Ottolenghi

Este fin de semana se suponía que me tocaba currar "en las alturas", pero el mal tiempo lo ha impedido, así que he podido pasar todo el fin de semana con D., ¡bien!
Ayer subimos a ver cómo va el trigo. Desde que lo sembramos en diciembre ha llovido realmente poco, estamos teniendo el invierno más seco y cálido de todos los que llevamos aquí (y ya van 4), lo cual para los turistas es estupendo, pero para los agricultores, incluso para los aficionadillos como nosotros, no es tan positivo. El trigo necesita que llueva para ganarle la batalla a las malas hierbas, sobre todo en nuestro caso que estamos sembrando en ecológico y no echamos nada químico que evite que estas crezcan. Y bueno, si  llueve, el trigo crece rápido, antes que las malas hierbas, y gana, pero si no llueve, las malas hierbas llevan las de ganar porque están acostumbradas a crecer en cualquier situación. Así que mirábamos el cielo esperando que cayera algo de agua. Y por fin ha llovido, un poco tarde, ¡pero más vale tarde que nunca! 
Aquí tenéis nuestro campito de trigo:

Esperemos que esto le de a nuestro trigo el empujoncito que necesitaba para estirar. D. ha puesto más fotos y una extensa descripción en el blog donde llevamos el proyecto, "Isla de pan".
He retomado los fogones con ganas, y estoy en temporada Ottolenghi total. Sus recetas suelen ser muy reconfortantes, que es lo que me hace falta ahora, así que nuestra cocina parece una sucursal del famoso restaurante londinense. En esta ocasión he recurrido a esta receta que publicó en la sección que tiene en The Guardian, The new vegetarian. Muchas de esas recetas las ha recopilado para publicar su último libro, Plenty, de donde saqué las berenjenas asadas que publiqué hace poco. Buscaba una preparación digna para usar los últimos tupinambos de la temporada, y como ya le hemos perdido el miedo a los soufflés, nos decantamos por esta. El resultado es un soufflé ligero, que combina el sabor a tierra de los tupinambos con la acidez del limón.

Para ver las indicaciones generales sobre cómo hacer soufflés que da H. Mc Gee, aquí.

Ingredientes, para 3 ramequines

el zumo y la piel rallada de medio limón
150 gr de tupinambos
20 gr de nueces, muy muy picadas
un par de cucharadas de aceite de oliva
16 gr de harina
160 ml de leche
2 huevos, las claras y yemas separadas
media cucharadita de tomillo
40 gr de queso de cabra curado, rallado
sal y pimienta


Precalentar en horno a 200 ºC.
Llenar un cazo de agua y añadir el zumo del limón. Pelar los tupinambos y echarlos inmediatamente al agua con limón. Hervir hasta que estén blandos. Colarlos, hacerlos puré con la batidora, y reservar 80 gr de este puré.
Pincelar los ramequines con aceite de oliva y espolvorear con las nueces picadas.
Calentar el aceite de oliva en una sartén, añadir la harina y rápidamente, antes de que la harina se queme, añadir la leche y hacer una bechamel, espesita pero no tanto como la de las croquetas.
En un bol poner el puré de tupinambos, las yemas de huevo, el tomillo, el queso, la piel de limón rallada y una pizca de sal. Añadir la bechamel y remover bien,
Batir las claras de los huevos en otro bol, hasta que adquieran consistencia de picos húmedos. Mezclar con el puré anterior, con ayuda de una espátula, tratando de perder cuanto menos aire mejor.
Llenar los ramequines hasta quedarnos a 1 cm del borde, y aplanar con el dorso de una cuchara.
Hornear unos 15 minutos, hasta que estén dorados, no se vea húmeda la superficie y al moverlos se vean consistentes. ¡Servir enseguida!

sábado, 15 de enero de 2011

Roscón de Reyes de masa madre v.2, versión revisada y mejorada


versión revisada aquí!
Este año no pasé los Reyes en Madrid, pero decidí que las buenas costumbres no podían perderse, así que preparé un roscón para los amigos y otro para el curro. Mi receta la he ido modificando a lo largo de lo años (creo que llevo unos 5 o 6 años haciendo roscón) hasta llegar a la receta de masa madre que hice el año pasado y cuyo sabor y textura me encantaron. Sin embargo, mi roscón seguía quedando muy planito, y no sabía por qué. Comparaba la tasa de hidratación, que es alta, con la de otras recetas de roscón de masa madre y no me salía más elevada que otros que no se veían tan chatitos. Así que como la receta del mes de diciembre del Foro del pan era el roscón aproveché para colgar mi receta y dejar caer la pregunta de por qué me salían tan chatos, y hete aquí que llegó el siempre espabilado QJones y me dio la clave: el amasado. Yo el roscón apenas lo amasaba, por dos motivos: porque siempre me ponía a hacerlo a las dos de la madrugada y porque no adivinaba cómo conseguir amasar decentemente una masa tan pegajosa y tan líquida.
Otra cosa de la que me di cuenta viendo otras recetas de roscones de masa madre es que ponía muy poca masa madre respecto de la cantidad de harina. Así que decidí poner más masa madre, pero ajustando el resto de ingredientes para no modificar la hidratación.
Este año, como por motivos que no vienen a cuento estaba en casa, empecé a hacer el roscón por la mañana, y además gracias al taller de baguettes de Babette estaba en posesión del conocimiento, el bien más preciado que podemos tener. El conocimiento sobre cómo amasar masas líquidas. Así que me puse manos a la obra. Amasé y amasé, hasta que conseguí dominar a esa fuerza de la naturaleza que es una masa de roscón mantequillosa e hidratada. Tras el amasado, unos cuantos plegados y un buen reposo, conseguí sin variar la receta cuyo sabor tanto me gusta un roscón redondito y bien formado, ¡qué diferencia!.
A los que aún no os habeis animado a hacer el roscón con masa madre os recomiendo que lo probeis, por una razón de peso: el roscón preparado de esta manera aguanta en perfecto estado varios días, no se pone duro ni se seca, ¡lo juro!
Ingredientes para un hermoso roscón, aromático y esponjoso como una nube (es que no tengo abuela ;).

para la masa de arranque:
150 gr de masa madre al 100% (o sea, misma cantidad de harina y agua)
50 ml de leche
25 ml de agua de azahar
125 gr de harina
mezclamos bien los ingredientes y dejamos reposar hasta que burbujea.

para la masa (parte 1):
300 gr de harina de fuerza
125 gr de azúcar
25 ml de agua de azahar
40 ml de ron
2 huevos
la ralladura de la piel de una naranja
mezclamos bien todos estos ingredientes, en un bol y ayudándonos de una espátula, lo tapamos y lo dejamos reposar el mismo tiempo que tarde en subir la masa de arranque.

para la masa (parte 2):
la masa de arranque
la masa de la parte 1
100 gr de mantequilla en pomada
4 gr de sal

Este es el quid de la cuestión.
Juntamos la masa obtenida anteriormente con la masa de arranque, la sal y la mantequilla. Primero mezclamos en un bol, con ayuda de una rasqueta, hasta tener una masa homogénea. Luego volcamos la masa sobre la encimera y amasamos el engrudo resultante de esta manera (lo que se llama amasado francés o amasado bertinet, he puesto este vídeo porque el chico es mono ;)


Al principio nos costará mucho, la masa terminará incluso en el techo, pero a medida que la trabajamos la textura irá mejorando hasta conseguir una masa extensible y menos pegajosa. Yo amasé unos 20 minutos, en tandas de 5 minutos y haciendo descansos.Luego hice una par de plegados cada media hora y dejé la masa reposar bien tapada.
Para el segundo levado, dejamos la masa que pase unas cuantas horas al fresco, o toda la noche en la nevera, bien tapada para que no se seque, hasta que haya doblado su volumen. Entonces desgasamos, boleamos y damos forma al roscón.
Para darle forma nos untamos las manos de aceite. Colocamos la masa encima de un papel de horno e introducimos el dedo índice en el centro de la bola para después con las manos darle forma de roscón. Introducimos la sorpresa y cerramos la masa. Colocamos en una bandeja de horno, pincelamos con huevo batido y dejamos reposar de nuevo hasta que la masa doble su volumen (tercer y último levado, unas 4 horas). Yo le puse un bol untado de aceite y dado la vuelta en el centro, para que al crecer no se extendiera hacia el agujero.
Antes de hornearlo, pintamos con huevo batido, y decoramos con fruta escarchada, almendra picada o laminada, azúcar mojado con unas gotas de agua de azahar para que haga pegotitos, o lo que más rabia nos dé.
Hornear 25 minutos a 180º. Pinchar con una aguja y cuando salga seca es que ya está hecho.

Parece muy trabajoso pero os aseguro que año tras año se le va cogiendo el tranquillo y al final los haces sin que te cueste. Y el resultado hace que merezca la pena.


lunes, 10 de enero de 2011

La vida sigue, afortunadamente con buena comida y mejor compañía: berenjenas asadas con salsa de yogur y granada

Ha pasado casi un mes desde mi última entrada, un mes que se me ha hecho largo, que me dejó en un estado de apatía total. Ni ganas de cocinar tenía. En estas últimas semanas me he apoyado mucho en mi familia, que es maravillosa, sobre todo mi madre que es una mujer increíble. También en mis amigos, a los que considero mi segunda familia, a los que trato de cuidar como el tesoro que son. Y en D., que ha estado pendiente de mi todo este tiempo. Mi padre decía que había encontrado mi media naranja, y no le faltaba razón. D. sabe cuando necesito estar tranquila y cuando es momento de ponerme las pilas. Así que ayer me dijo "no puedes seguir así, tienes que ponerte a cocinar y retomar el blog, que me da mucha pena cada vez que lo veo". Agarró el libro de recetas vegetarianas de Ottolenghi, Plenty, y dijo "venga, ¿qué preparamos?". Y nos pasamos la tarde en la cocina,  preparando estas berenjenas asadas y un soufflé de tupinambos, con la promesa de que hoy, sin falta lo publicaba. Es además una manera de agradeceros a todos los que habéis seguido visitándome, por estar ahí, por vuestros comentarios de ánimo, por vuestros correos. Este blog no es un sitio triste, sino todo lo contrario, y no es justo que lo primero que veáis al entrar sea una mala noticia. Siento no haber respondido a los correos pero es que no sabía ni cómo, no tenía ánimos ni para escribir, espero que me perdonéis. Pero os agradezco de corazón vuestra compañía, y trataré de ponerme al día con vuestros blogs. La vida sigue, y hay que disfrutarla. Por ejemplo con este plato sencillo, lleno de sabor, ideal para compartir con los que más queremos.


Berenjenas asadas con salsa de yogur y granada

Ingredientes:
2 berenjenas
80 ml de aceite de oliva virgen extra
1 y 1/2 cucharaditas de tomillo, más unas ramas para decorar
1 granada
sal y pimienta

para la salsa:
200 gr de yogur griego
1 y 1/2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
1 diente de ajo machacado
sal

Precalentar el horno a 200ºC.
Cortar las berenjenas por la mitad a lo largo. Hacer tres cortes longitudinales en cada trozo, sin llegar a cortar la piel, y luego otra tanda de cortes formando un ángulo de 45º con los primeros, de manera que nos queden cortes en forma de diamante.
Poner las berenjenas en una fuente y pincelarlas con el aceite de oliva. Espolvorear con el tomillo y salpimentar. Hornear durante unos 40 minutos, hasta que estén bien hechas y doradas.
Mientras tanto, pelar y desgranar la granada. Reservar. 
Para preparar la salsa tan sólo hay que batir juntos todos los ingredientes y reservar en frío.

Una vez que las berenjenas estén hechas, las rociamos con la salsa de yogur y los granos de la granada por encima, y, si tenemos za'atar, espolvoreamos una cucharadita por encima. Decoramos con las ramitas de tomillo y un chorrito de aceite de oliva y servimos. 
A vuestra salud. Que aproveche.


miércoles, 15 de diciembre de 2010

In memoriam

Era guapo, ¿verdad?
Nunca le gustó el frío, ni abrigarse. En eso me parezco a él. Su corazón ya estaba débil y hace unos días no pudo aguantar más. Así, de pronto. Y yo no estaba preparada para esto, pero ¿acaso alguien lo está?
Este blog y su autora se toman un descanso. Volveremos después de las fiestas, cuando haya pasado la tormenta de "felices años" y "felices navidades" que en estos momentos me siento incapaz de afrontar.

viernes, 10 de diciembre de 2010

I Concurso de Comida Silvestre - Recetario silvestre y ganador

He tardado unos días, sí, pero que conste que ha sido por un buen motivo. Lo primero es que quería hacer un resumen con enlaces a todas vuestras recetas. Con lo que os lo habéis currado, era lo mínimo, ¿no? Lo segundo es que este fin de semana (porque puente no he tenido) he estado liadilla con otros asuntos, igualmente silvestres. No sé si recordareis que, con motivo del último World Bread Day, aproveché para presentar nuestro loco proyecto de sembrar trigo. Bueno, pues este fin de semana ha sido el gran día, por fin lo hemos sembrado, 6 kilos y medio en 600 metros cuadrados, no tenemos ni idea de lo que saldrá de todo esto pero estamos muy ilusionados y aprendiendo mucho con todo este asunto. Si queréis ver las fotos del terreno y de la siembra, D. está escribiendo un blog con todo el proceso. Lo hemos llamado Isla de pan, y allí iremos colgando toda la información y los avances de nuestro proyecto.

Y ahora, al tema de la comida silvestre. Primero el resumen y al final ¡desvelaré el ganador!
Han sido 37 recetas recibidas, la verdad que muchas más de las que me esperaba, porque el tema no era fácil, requería salir al campo y recolectar, limpiar y preparar algún tipo de planta o animal. Pero veo que todos vosotros sois unos recolectores avezados, y este reto no os resultó nada complicado.
En lugar de ordenar las recetas por orden de llegada, he preferido hacerlo por temas, porque pienso que a los que os interesa esto de la recolección silvestre os será más útil. A saber: setas; flores, hierbas, y plantas aromáticas; frutas y bayas; frutos secos; caza y pesca.
Las recetas que me enviaron por correo Sonia y Mercedes, que no tienen blog, las tenéis en formato pdf aquí y aquí.

Setas

La primera en enviar una receta fue Zeditas, del blog Rezeditas, que se fue a "cazar" rovellones y preparó este delicioso Salteado de Rovellons.


Cogollos de agua también se fue al monte a por níscalos y preparó este Pan Campero, una comida ideal para irse de excursión.

Cris nos cuenta que en su familia es tradición ir a cazar setas cada otoño, y con las que recolectó preparó una original Boullabaisse de setas.

Pilar nos demostró que es una recolectora de nivel avanzado, ya que preparó varias recetas. La primera  un Trinxat de setas con tres tipos diferentes de setas y la segunda unos Farsellets de pescado, rolllitos de col rellenos de merluza y boletus edulis, una de las setas más aromáticas que hay.


A Carmen le gusta mucho el campo y además tiene la suerte de tener una huerta, y preparó este Fiambre de setas con unas setas de cardo que encontró en una de sus muchas salidas.


Mercè salió al campo y regresó con una enorme cesta llena de rovellones, y cocinó con ellos unas Croquetas de setas que le quedaron muy lindas.
Lourdes recogió unas setas que salen en la base del tronco de los limoneros y preparó estas Ñoras con setas silvestres. Desconoce el nombre de las setas, así que si alguno de vosotros lo conocéis por favor, decídnoslo.


Chary hizo un Revuelto de setas con las setas de álamo que crecen en algunos rincones de su terreno. Además recogió níscalos, gallinetas y setas blancas. 


Sonia recolectó cerca de su casa unos pucheretes, que son unas pequeñas setas que no crecen por estas latitudes, y envió estos Guisantes con pucheretes.


Sònia, como parte de su menú silvestre, preparó una Sopa de Fredolics, un plato típico de l'Alt Berguedá en el pre-Pirineo catalán, y una Tortilla de otoño con puré de castañas, y Mercedes cocinó un Guiso de setas con patatas. Las recetas de ambas las podéis encontrar en los pdf que os indiqué antes.

Flores, hierbas y plantas aromáticas

Pasamos ahora a la sección de flores comestibles. La primera receta de flores la envió V , con sus Buñuelos de flores de acacias.

Pilar nos envió una tercera receta, además de sus dos recetas con setas, estas Galletas aromatizadas con lavanda, que tanto le gustaba recoger con su abuelo. Todo un homenaje.


Mglòria también ha usado la lavanda para estos Pastelitos de lavanda, y además nos cuenta en su entrada las múltiples propiedades que tiene esta planta.


Finalmente Ivan recolectó unos cardillos, también llamados tagarninas, y preparó con ellos un Risotto con el que ha revivido su blog. Además explica con todo detalle el paso a paso para hacerlo. Esperamos sinceramente que tu blog no vuelva a morir!


Mercedes preparó dos recetas: una salsa de tomate con tomillo salsero y una focaccia de romero, cuyas receta podéis encontrar en el pdf que os indiqué antes.

Frutas y bayas

Kako nos explica en su receta de Tartaleta de murta silvestre como la recogida de estos frutos es una tradición en Chile, tanto que incluso se celebra la fiesta de la Murta.


Akane tiene la suerte de que las higueras en donde ella vive guardan higos hasta bien entrado el otoño, y con ellos preparó estos Higos especiados con vino y miel, una receta sencilla y elegante.


Audaciosus escribe una larga disquisición sobre la conveniencia de la comida silvestre en su entrada, pero no dudo en participar en el concurso con su Jalea de escaramujos, de la que no hay que abusar porque el otro nombre de los escaramujos es tapaculos. Sacad vuestras propias conclusiones.


Y ahora viene tres recetas con madroños, otra estrella de la temporada otoñal juntos con las setas. La primera es de Carmen, que se declara una enamorada de todo lo silvestre y preparó una Tarta de madroños y crema pastelera con los madroños que recogió en los bosques que rodean su casa en el Pirineo.


La gemmota se fue al Montnegre a recoger boletus pero lo que encontró fueron madroños y castañas,  ¡estas son las cosas que tiene ser recolectora! Así que eligió como receta silvestre unas Tartaletas de madroños, en su caso con base de masa integral y relleno de crema catalana.


María ha sido recolectora de madroños toda su vida. Con ellos ha confeccionado un  Licor de madroños, del que hay que disfrutar con moderación. Le gusta tanto ese árbol, que ha plantado un madroño en su jardín, y esperamos que el año que viene le de mucho frutos.


Pedro ha preparado para la ocasión una tartaletas escandalosamente buenas: una base de galletas de chocolate negro para una crema de chocolate blanco con moras por encima.


Carmela ha usado los higos chumbos, que en Canarias se llaman higos picos, para esta Mermelada. Los recoge en la finca de sus abuelos, en Cáceres, y en su entrada incluso nos explica cómo podemos plantar una chumbera.


Daniela recolectó las bayas del Espino Amarillo, una fuente natural de vitamina C, para preparar una mermelada que nos protegeré de los resfriados durante todo el invierno.


Laube es una recolectora empedernida, aunque este noviembre el tiempo no la compañó y no pudo recoger setas, que es lo que ella quería. Pero aún así no se perdió el concurso, y participó con esta Mermelada de higos a la vainilla igualmente silvestre.


Finalmente Sònia, como colofón de su completo menú silvestre, preparó una Sopa de fresitas silvestres cuya receta podéis encontrar en el pdf que os indiqué antes.

Frutos secos

Kako concursó con una segunda receta, este Gulasch vegetariano de castañas con el que entrar en calor durante los fríos invernales de Suiza.


Rakelilla salió a pasear por el bosque y recogió unas castañas con las que preparó estos Muffins de castañas y chocolate. Además en su entrada nos enseña lo bonito que esté el bosque durante el otoño coruñés.


Y para terminar con le sección dedicada a los frutos secos, María Lunarillos envió este delicioso Brazo de castañas y chocolate, tan bonito que da pena comérselo.


Caza y pesca

La receta de Mai no sabía donde ubicarla, porque las perdices las cazó su tío, no ella. Ella recogió las castañas, pero finalmente pensé que el ingrediente principal de este plato es la caza, así que aquí va esta Perdiz guisada con ceps.

Kako nos dejó boquiabiertos con su Geo reportaje, tras la trucha arcoiris, trucha que posteriormente horneó y le quedó para chuparse los dedos.


Y finalmente dos recetas de jabalí. La primera la de Marisol, que cocinó un Jabalí estofado con mostaza con una pata que "cazó" del arcón congelador de unos amigos de su pueblo. Como sus amigos sí habían cazado el jabalí ellos mismos dimos la receta por válida, ya que lo importante es que no fuera comprado.


Ernestina confeccionó unos Chorizos y longanizas con un jabalí cazado por su marido y su hijo. En su entrada además no detalla lo que hay que hacer una vez que cazas una pieza.



Creo, sinceramente, que todos os merecéis el premio, porque habéis enviado unas recetas estupendas, pero como sólo tengo un libro pues la mejor manera de decidir el ganador era por sorteo. A cada una de vuestras recetas le asignamos un número, de manera que quien mandó más recetas tenía más oportunidades de ganar el concurso. Pusimos todos los números en un bol y Paco, que a inocente no le gana nadie, sacó un papelito.


Y el ganador fue:
¡¡ la jalea de escaramujos de Au!!
¡¡ENHORABUENA!!

Por favor, ponte en contacto conmigo para que te pueda enviar el libro y el regalito silvestre ;)
Gracias de nuevo a todos los participantes. Ya estamos pensando en la próxima edición primaveral del concurso.