domingo, 28 de marzo de 2010

¡¡galletas!!

Mi tío J. suele decir que "a quien Dios no le da hijos el demonio le da sobrinos". No sé por qué lo dice, si sus sobrinos somos unos angelitos ;). Cuando éramos pequeños mi tío me parecía el más enrollado del mundo, el día de Reyes traía un enorme cohete cuya mecha prendíamos en el salón y explotaba con gran estruendo desperdigando juguetes por todas partes. Me gustaba tanto que aún me acuerdo. Cuando quise comprar uno para mis sobrinos, mi padre dijo que ni de broma iba a explotar un cohete en el salón, que en todo caso habría que salir a la calle. Descarté la idea, evidentemente, pero eso me hizo pensar en lo que han cambiado los estándares en este país. Hace 25 años viajábamos 7 en un Seat Panda, los cinturones traseros en el coche eran ciencia ficción, y explotábamos cohetes dentro de las casas. Que haya aumentado la seguridad es bueno, evidentemente, pero quizá hemos perdido algo de espontaneidad por el camino. Bueno, ¡quizá se me va la pinza un poco de más!
A lo que iba, el asunto de hablar de sobrinos es que este molde de hombrecito en 3D me lo regalaron dos de mis sobrinas. Una, mi tocaya, es un ángel, es la preadolescente más sensata que pueda existir. La otra, que tiene cara de no haber roto un plato, dicen las malas lenguas que ha heredado mi carácter (la pobre, aprenderá a lidiar con él).
Les hice estas galletas con la receta de masa de Bea, y las glaseé en color rosa, yendo contra todos mis principios, sólo porque sabía que cuando abrieran la caja ambas, y su madre, soltarían un "oooooooh" a tres voces. Y tuve razón. Aunque mi hermana, la muy perra, dice que no me han vuelto a salir tan ricas como las que hice en casa de Bea. Bea, maja, yo creo que hay algún secreto que no me contaste.
Para las de cuadritos sencillamente hice cilindros de masa que aplasté por los lados (dos cilindros de masa de chocolate y dos de masa blanca) los puse juntos formando la cuadrícula, luego puse una lámina de masa alrededor, de manera que quedaba un gran cilindro de masa, y lo puse todo envuelto en plástico, lo apreté bien, y deje que reposara en la nevera una horita antes de cortar las galletas. El horneado también lo tenéis explicado en el blog de Bea.
Felices vacaciones los que os toméis la semana libre. Y haced uso de los cinturones traseros ;)

miércoles, 24 de marzo de 2010

La Mouna: mona de Pascua de los pieds-noirs


Nací en Madrid, y mis padres son de Granada, así que mi relación con la mona de Pascua no tiene nada que ver con España, ya que en esas dos regiones no es tradición prepararlas. La probé por primera vez en Lyon, de la mano de nuestra amiga Farouh, una cocinera argelina fabulosa. Nos llamó mucho la atención que vendiera monas de Pascua, y nos explicó que era típica de la gastronomía pieds-noirs, concretamente de Orán. Los pieds-noirs son los descendientes de los franceses que colonizaron Argelia, a los que echaron del país tras conseguir la independencia en 1962. Tristemente, en Argelia los consideraban franceses, pero en Francia no. Aunque no les quedó otra que afincarse en Francia, y con ellos se llevaron sus tradiciones gastronómicas.
Buscando información, encontramos que la mona llego a Orán de la mano de los alicantinos allí instalados cuando la ciudad era plaza española. Allí había una fortaleza llamada "Loumoune". Algunas fuentes aseguran que las familias podían visitar a los presos sólo en Pascua, y que les llevaban este dulce, que de ahí tomó su nombre. Otras fuentes cuentan que las familias no tenían permitido entregarles comida a los presos, y que se la lanzaban por encima de las rejas de la prisión. En esa zona había muchos monos, que trataban de cazar los bollos lanzados, y cuando los presos veían aparecer uno gritaban "¡la mona, la mona!" lo que dio nombre al dulce. Esta historia a mí me parece bastante improbable, ¡pero no me negaréis que tiene gracia! Según la wikipedia, el nombre de mona proviene de la munna término árabe que significa «provisión de la boca», regalo que los moriscos hacían a sus señores. El asunto es que de los alicantinos pasó a los pieds-noirs, y de ahí dio el salto a Francia.


Bueno, a la receta. A diferencia de los cornes de gazelle, esta receta no la conseguí por Farouh, que guarda sus recetas como secretos de estado y es difícil sonsacárselas. Esta la encontré en un blog francés de una chica descendiente de pieds-noirs. Os daría la referencia, pero el blog lo han cerrado. La masa me recordó a la del roscón de reyes, pero más sencilla y con una tasa de hidratación menor, lo que la hace bastante más fácil de trabajar. Pero hay que tener en cuenta que hay que empezar a prepararla la víspera. Yo creo que salió bueno, ¡al menos no quedaron ni las migas!

Ingredientes:

para la esponja:
14 gr de levadura fresca+ 4 cucharadas soperas de masa madre (en su defecto, 20 gr de levadura fresca)
35 gr de harina
4 cucharadas soperas de agua

para la masa final:
la esponja
250 gr de harina
75 gr de azúcar
65 gr de mantequilla
3 cucharadas soperas de agua de azahar
1 huevo

para el glaseado y la decoración:
1 huevo batido
azúcar vainillado
1 huevo duro

Lo primero se mezclan los ingredientes de la esponja y se deja reposar hasta que dobla su volumen y está burbujeando.
A continuación, se mezcla la esponja con el resto de ingredientes, se amasa bien (yo uso amasadora, lo confieso) y se deja reposar. Yo la dejé un par de horas a temperatura ambiente y luego toda la noche en la nevera.
A la mañana siguiente se saca de la nevera, se deja reposar una hora hasta que se ponga a temperatura ambiente, se bolea y se deja reposar en un banneton o un colador con un trapo, con el pliegue hacia arriba, durante 3 horas o hasta que doble su volumen (los tiempos de reposo dependen de la temperatura de la cocina). Si estamos en un lugar muy seco, meterlo en una bolsa de plástico para que no pierda humedad.
Mientras esté subiendo, precalentamos el horno a 180ºC. Yo puse la piedra de hornear dentro.
Una vez que ha doblado su volumen, le damos la vuelta y lo pasamos a un molde o a una bandeja de horno. Le hacemos arriba un corte en forma de cruz. La pintamos con huevo batido. Ponemos el huevo duro en medio, y espolvoreamos con azúcar vainillado.
Horneamos 40 minutos, pero es bueno ir comprobando si está muy tostada por arriba. Yo a los 30 minutos la tapé con papel de hornear para que no se tostara más. Como cada horno es un mundo, también es bueno ir comprobando la cocción, bien pinchando con un palito y viendo si sale limpio, o mejor aún con un termómetro de horno. Yo la saqué cuando mi termómetro alcanzó los 90ºC.
Dejar enfriar antes de comérsela. No puedo decir si llega en buen estado al día siguiente, no dió tiempo, desapareció antes.

domingo, 21 de marzo de 2010

Pasta fresca casera: tagliatelle DE rebozuelos


Y pongo DE y no CON porque esta pasta lleva las setas en la masa, además de en la salsa. Sí, aquí sigue la temporada de rebozuelos, aunque ahora están en horas bajas debido a la calima. Pero ya volverán ya. Lo que hicimos para preparar esta pasta fue secar una bandeja de rebozuelos (daré más detalles sobre el procedimiento más adelante) y triturarlos hasta reducirlos a polvo. Esa "harina de setas" la mezclamos con la sémola y el resultado fue una pasta muy aromática. Ideal para una celebración, ya que tengo buenas noticias. Ya es seguro, ¡¡me prolongan el contrato!! Y esta va a ser mi nueva oficina, dentro de unos meses.

Estoy un poco nerviosa, por aquello de que cuando empiezas algo nuevo siempre tienes la duda de si lo harás bien, pero tengo muchas ganas de volver a currar "cacharreando" y no todo el día sentada dentrás del ordenador. Ya os iré contando.
Y por cierto, Avaaz junto con Greenpeace y otras ONGs están recogiendo firmas para conseguir un millón de ellas y que en el Parlamento Europeo tengan que escuchar lo que algunos ciudadanos europeos pensamos de los transgénicos. Si el tema te interesa y quieres firmar, pincha aquí.

Ingredientes para la salsa,

un puerro
200 gr de rebozuelos
un chorrito de leche
una cucharada sopera de harina
aceite de oliva y sal

La salsa es sencilla: dorar el puerro picado en una sartén con un poco de aceite de oliva. Añadir los rebozuelos partidos en trozos grandes, y dejar que se hagan pero no demasido. Añadir la cucharada de harina, remover, y añadir la leche. Cuando la salsa haya espesado al gusto la retiramos del fuego y la reservamos.


Ingredientes para la pasta, para 3 personas

2 huevos
200 gr de sémola de trigo duro
15 gr de polvo de rebozuelos
un buen chorro de aceite de oliva virgen extra
un pellizco de sal
y algo de agua en caso de que la masa lo pida.

No quiero ser insistente, pero la elección de la harina es fundamental para el éxito de la pasta fresca. La harina normal del super no vale, la pasta hecha con harina normal absorbe demasiada agua y engorda un montón al cocerla, de manera que aunque trates de hacer tagliatelle finitos al final el resultado es basto. Lo mejor es usar harina italiana 00 o sémola de trigo duro o una mezcla de ambas.
Se amasan bien los ingredientes, se deja reposar hora y media, se vuelve a amasar, y o bien se usa en el momento o bien se congela. No debe quedar ni pegajosa ni muy dura, tiene que ser elástica. A partir de aquí hay dos opciones: rodillo o máquina de pasta. Yo los estiro con mi máquina, pero oye, antes de comprarla tiraba de bíceps (lo confieso, no tiraba de "mis" bíceps, le pasaba el rodillo a D. y que estirase él la pasta... suena poco feminista, lo sé, pero es así). Para estirarla con la máquina, se coge un trozo de masa, no muy grande, se aplasta dejándolo con forma alargada, y se pasa primero por la posición cero de los rodillos un par de veces, y luego sucesivamente por el resto hasta dejarlo con el grosor que uno quiera. Yo los tagliatelle los dejo al 5, y la masa para ravioli al 6. Luego se enharina un poco y se pasa por el cacharrito que sirve para cortar.

Se cuecen cuanto antes, un par de minutos, en agua salada, y se sirven inmediatamente, con la salsa de rebozuelos por encima. Creo que los italianos dicen que es el comensal el que tiene que esperar a la pasta y no la pasta al comensal o algo así.....¿no? Y quien guste, que los coma con parmesano recién rallado por encima.

miércoles, 17 de marzo de 2010

HEMC#42: helado de té verde y kéfir


Este mes el Hecho en mi cocina lo organiza La Mambalina, y ha elegido como tema "Postres con té".
Tengo que reconocer que al primer momento pensé "uf, ni idea..." Luego pensé en hacer un helado de té verde, pero como era tan obvio lo fui dejando, hasta que el otro día vi que todo el mundo era mucho más original que yo y que nadie había hecho helado hasta ahora, y buceé en mis libros de cocina hasta dar con esta receta. Bueno, es posible que nadie haya hecho helado porque la mayor parte de vosotros vivís en sitios menos "afortunados" en lo que se refiere a temperaturas. Aquí es que se puede comer helado todo el año.... En todo caso, aunque no sea muy original, esta receta me gusta por varios motivos: es sencilla, se puede hacer sin máquina, utiliza té verde en hojas y no té matcha, que además de caro es imposible de encontrar en Santa Cruz, y además el sabor es exactamente igual al helado de té verde que te sirven en los restaurantes japos. Os recomiendo que lo probéis, el resultado es estupendo, un helado ligero y cremoso.

Ingredientes (para 3-4 personas)

2 cucharadas de té verde japonés en hojas (yo usé té sencha)
250 ml de leche
125 ml de yogur y 125 ml de kéfir (en la receta original utiliza nata líquida)
65 gr de azúcar
3 yemas de huevo

Calentamos la leche en un cazo con las hojas de té, dejando que llegue a ebullición a fuego lento. Cuando la leche rompa a hervir, lo retiramos del fuego y lo dejamos reposar. Yo lo dejé 20 minutos. Lo colamos, y dejamos que se enfríe un poco.
En un cuenco mezclamos las yemas con el azúcar, batiendo bien hasta que se disuelva. Agregamos la leche templada y removemos hasta tener una mezcla homogénea.
Ahora lo ponemos en un cazo a calentar al baño maría, y removemos sin cesar hasta tener una mezcla espesa. Se retira del fuego y se sigue removiendo mientras se enfría un poco. Entonces añadimos el kéfir y el yogur, lo ponemos en un tupper y lo metemos en el congelador un par de horas.
Pasado ese tiempo, lo sacamos del conge, lo batimos bien, y lo volvemos a meter en el conge. Repetimos esta operación un par de veces más, cada dos horas. Luego lo podemos dejar en el congelador hasta el día que vayamos a consumirlo.
Sacar del conge 15 minutos antes de comerlo (bueno, 15 minutos aquí, si vivís en un sitio menos calido igual es mejor sacarlo media hora antes).
¡Que aproveche!

Receta original del libro "Cocina japonesa" de J. Garro y Y. Kitazawa.



domingo, 14 de marzo de 2010

Daring Cooks mar'10: chanterelles risotto - risotto de rebozuelos


El reto de los Daring Cooks de este mes consistía en hacer risotto, y lo propusieron Eleanor y Jess. The 2010 March Daring Cooks challenge was hosted by Eleanor of MelbournefoodGeek and Jess of Jessthebaker. They chose to challenge Daring Cooks to make risotto.

Como el risotto es uno de los platos favoritos de D. es algo que hago muy a menudo, normalmente con setas. Hay que elegir setas muy aromáticas, y en este caso lo hice con unos rebozuelos recién cogidos. Me estoy aficionando a esto de ser una recolectora. Hay un placer especial en alimentarte con lo que has recogido en estado salvaje. Últimamente una parte sustancial de nuestra alimentación se está basando en lo que plantamos en la huerta o recolectamos en el bosque (1 lechuga, 1 kilo de fresas, 1/2 kilo de rebozuelos, unos cuantos rabanitos y unos buenos manojos de espinacas es algo que recogemos en un fin de semana cualquiera), y aunque sería naif pensar que podamos llegar a alimentarnos exclusivamente de lo que conseguimos por nuestros propios medios, sólo el hecho de que una parte de nuestra comida no derive de una transacción comercial ya es una gran satisfacción. A estas alturas más de uno debe estar pensando que soy una friki.... bueno, pues sí, ¡¡ya era hora de que os dierais cuenta!!


Ingredientes, para 2 personas

200 gr de arroz arborio (algunas veces he usado arroz bomba, y tampoco ha salido mal)
un puerro
100 gr de rebozuelos
3 o 4 vasos de agua (la cantidad de líquido depende de lo que absorba el arroz)
1/2 vaso de vino blanco
1 vaso de leche
aceite de oliva, sal

Se pone el agua a calentar en una olla a parte. Se pica el puerro. En otra olla, se pone el aceite a calentar. Se fríe el puerro en el aceite, luego se echan los rebozuelos también troceadas, y cuando esté el puerro doradito se echa el arroz, con el fuego suave. Hay que darle vueltas hasta que se vea que la parte de fuera de los granos se pone transparente. Esto es para evitar que los granos se peguen luego, y en vez de risotto tengamos engrudo.
A continuación se va echando el agua, con un cucharón, y se va removiendo. Se va añadiendo agua a medida que el arroz la vaya absorbiendo, y se le va corrigiendo el punto de sal. Añadimos también el medio vaso de vino blanco, y seguimos removiendo. Porque hacer risotto es todo lo contrario a hacer paella, en este caso queremos que el arroz suelte el almidón.
Lo último, una vez que pensemos que el arroz ya está blandito echamos el vaso de leche y removemos todo el rato, sin parar, porque si no se puede pegar. Los italianos también le ponen queso para "mantecarlo", normalmente parmesano, pero como a mí el queso no me gusta esa parte me la salto. Aún así, mi risotto queda con una consistencia bastante mejor que muchos de lo que he comido por ahí, todavía tengo la espinita clavada de aquel presunto "risotto de flores de calabacín" que me sirvieron en Turín y que era absolutamente infumable. Me dieron ganas de tirárselo a la cabeza al cocinero. En fin, mejor olvidarlo.
El risotto está hecho cuando empiece a formar "ondas", o sea, cuando al servirlo no se desparrama del todo, sino que se queda formando ondas en el plato.
Para los que les guste el queso, lo suyo es servir junto con el risotto un trozo de parmesano con un rallador, y que cada cual ralle el parmesano en su plato cuando el arroz aún está caliente. Porque dejar que un risotto se enfríe ¡es un crimen!


martes, 9 de marzo de 2010

Pan de centeno, trigo y cardamomo


Hoy estoy muy cabreada. La ministra Garmendia no debería opinar de lo que no sabe (en realidad sólo le interesan los transgénicos a la tía, pero de eso hablamos otro día) y ya que la astronomía española le importa un bledo al menos que no ande fastidiando. Estamos aquí tratando de que la economía española varíe un poquito del ladrillo y el turismo y va ella y nos pone la zancadilla. Diga que sí, señora Garmendia. Gracias a usted dentro de poco contarán con una expatriada más (de nuevo).

Pero vamos a temas más alegres. Este es un pan que publiqué hace un tiempo en MTM, y que se me traspapeló entre los ficheros de recetas pendientes. Es una receta de Carmen que me encantó nada más verla. La copié y este fue el resultado.

Ingredientes:

300 gr de masa madre de centeno integral refrescada con centeno blanco
300 ml de agua
300 gr de harina de centeno blanco
300 gr de harina de fuerza
1/2 cucharadita de cardamomo molido
10 gr de sal.

Quedó una masa muy líquida y terriblemente pegajosa, pero me apañé para amasarla y darle forma como pude. Subió primero en un bol en el que pulvericé aceite de oliva, y luego en un banneton cubierto con una paño, para que no se pegara. Por lo demás, el procedimeinto fue el habitual. Eso sí, la horneé en la piedra refractaria, 15 minutos a 220º y 20 minutos a 190º.
Como dijo Carmen, el cardamomo le da un aroma muy especial. A mí por lo menos me encantó.

Lo desayunamos tostado, con miel y tahini, y acompañado por un café griego bien oscuro, hecho en puchero con su cardamomo y su azúcar. Cardamomo con cardamomo. Aromático y dulce, para contrarrestar los malos rollos.

jueves, 4 de marzo de 2010

Técnicas panaderas: pan en "dutch oven"

Este pan es un experimento. La receta es la habitual para el pan de trigo, a saber: 240 ml de agua, 250 gr de masa madre de trigo, 500 gr de harina, 8 gr de sal. La harina que usé esta vez absorbió menos agua, así que la masa quedó bastante blanda, y además lo dejé levar demasiado tiempo durante la fermentación secundaria. Así que cuando llegó el momento de meterlo en el horno, me encontré con una masa potencialmente sobrefermentada con un alto riesgo de venirse abajo en cuanto la sacara del baneton. Entonces recordé una técnica que circula por ahí, y que vi en el blog de Artisan bread in five minutes a day. Este blog no es de mis favoritos, la verdad, porque además el individuo parece que ha inventado la rueda y bueno, que queréis que os diga, estuve indagando a ver donde estaba la presunta revolución en la forma de hacer pan que el tipo ha descubierto y no la encontré por ningún lado. Pero mientras indagaba encontré esta técnica del dutch oven, que viene a ser muy parecida al pan en pirex, y que es el equivalente casero a la cloche, una campana de barro que se pone en el horno para hacerlo más parecido a un horno de ladrillo, y que aparte de hacer que el pan se caliente por transmisión, y no sólo por radiación y convección (el mismo efecto que tiene la piedra de hornear) además hace que no se pierda humedad, de manera que no hay que andar con el vaporizador abriendo y cerrando el horno.
Bueno, pues como tengo una olla de hierro fundido, la metí en el horno mientras lo precalentaba (a 210º), una vez caliente metí el pan dentro con mucho cuidado, lo entallé, le puse la tapa a la olla y de nuevo lo metí en el horno. Primer inconveniente: no ves como tu precioso pan empieza a subir. Esto es sólo un inconveniente estético, pero te quita uno de los placeres de hornear. A los 20 minutos, decidí que la corteza ya debía haberse formado y quité la tapa a la olla. Menos mal que lo hice, porque el pan estaba creciendo tanto que corría el riesgo de quedarse pegado. Lo dejé otra media hora a 190º, destapado.
Y este fue el resultado. Resumiendo: en general prefiero como queda el pan horneado en piedra, ya que la miga para mi gusto quedó un poco blanda, ¡aunque mejor tener una miga blanda que un pan aplastado! Por eso creo que para aquellos que no tenéis una piedra de hornear es una buena solución, o para panes sobrefermentados porque evita que se hundan. La corteza queda muy bien, mejor que si se hace el pan en el horno sin piedra, así que si tenéis una olla de hierro por ahí os recomiendo que lo probéis, ¡ya me contaréis qué tal el resultado!

domingo, 28 de febrero de 2010

Crema de espinacas con aceite de albahaca y almendras


Con esta entrada inauguro oficialmente la etiqueta "platos de cuchara" donde están todos los potajes, cremas, sopas y curries cremosos que he publicado en el blog, en honor a ciertas fanáticas de estos platos, como Maite, Noema y Kako, de la que muchas nos hemos acordado especialmente en estos días, ¡va por vosotras!
En estos momentos la huerta sólo produce rabanitos, espinacas salvajes, alguna que otra lechuguita y unas pocas fresas. Las espinacas están dando mucho juego, tanto en ensaladas como en revueltos y cremas. Esta en particular quedó muy rica y es extremadamente fácil de hacer y muy resultona.

Para la crema:
1 batata roja, de buen tamaño
1/2 de litro de agua (aproximadamente, depende del tamaño de la batata)
un buen manojo de espinacas frescas
sal

Pelar la batata, y ponerla a hervir junto con las espinacas. Cuando esté blanda, pasarlo todo por la batidora, y si es necesario por el chino (en mi caso no fue necesario porque las espinacas eran fresquísimas).

Para el aceite de albahaca:
aceite de oliva virgen extra
un gran manojo de albahaca

Triturar la albahaca muy fina y mezclarla con el aceite. Guardarlo en la nevera y dejar reposar unos días antes de empezar a usarlo. Tiene que ser una buena cantidad de albahaca, en nuestro caso una vez triturada ocupaba como hasta la mitad de la aceitera.

Tostar unas almendras laminadas en una sartén con un poco de aceite.
Servir la crema con unas gotas de aceite de albahaca por encima y las almendras laminadas.

¡Que aproveche y que empecéis bien la semana!


jueves, 25 de febrero de 2010

HEMC#41: pastel de choclo (maíz dulce) chileno

Llego por los pelos, como siempre. Hoy es el último día para publicar las recetas del HEMC, que este mes nos trae Carolina y cuyo tema es la cocina latinoamericana.

hemc #41 - platos latinoaméricanos

Coincido con muchos de los participantes del HEMC en que mi desconocimiento de la cocina de ese continente es total. A parte de los típicos platos mexicanos, el pisco sauer y un par de cosas más, la verdad es que tuve que darle bastantes vueltas al asunto para dar con una receta. En casa tengo libros de cocina italiana, árabe, japonesa, tailandesa, francesa (y en particular provenzal), pero no tengo ningún libro de cocina chilena, o mexicana, o argentina. Finalmente, opté por esta receta chilena del libro "Clásicos vegetarianos del mundo", un libro del que me fio bastante porque siempre me ha dado buenos resultados. Si se quiere hacer más típico sólo hay que sustituir el relleno vegetariano de setas y huevo duro por pollo, pero el acompañamiento de pasas, semillas de comino, orégano y olivas sí que es el típico chileno.


Ingredientes (para 3 personas):

media cebolla
400 gr de maíz dulce (fresco, congelado o en lata)
250 gr de setas cortadas en láminas (en nuestro caso, rebozuelos ¡por supuesto!)
2 huevos duros cortados en rodajas
35 gr de pasas
1/2 cucharadita de semillas de comino
1/2 cucharadita de orégano
10 olivas deshuesadas
aceite de oliva virgen
azúcar moreno
sal y pimienta

Poner el maíz en un bol y triturarlo hasta conseguir un puré espeso.
Por otro lado, picar la cebolla y dorarla en una sartén, cuando esté transparente añadir el puré de maíz y remover constantemente hasta que alcance el espesor deseado (tiene que quedar como una bechamel espesa). Salpimentar y reservar.
Precalentar el horno a 200ºC.
En otra sartén incorporar las setas y freirlas hasta que se ablanden.
Colocar las setas, los huevos duros, las pasas, las semillas de comino, el orégano o las olivas en una fuente de horno. Esparcir el puré de maíz por encima, cubriendo la fuente y alisando la superficie. Espolvorear con un poco de azúcar morena y gratinar en el horno media horita o hasta que está tostado.

El resultado está rico pero sabía demasiado a maíz para mi gusto, el sabor del maíz predominaba sobre las setas y el delicioso relleno de especias y olivas. Creo que se podría poner una capa de maíz más fina. Pero es un plato vegetariano sin gluten y sin leche bastante equilibrado porque a los hidratos de carbono del maíz se le añaden las proteínas de las setas y el huevo, y además se prepara en un momentito, así que no es mala opción para apañar una cena.


lunes, 22 de febrero de 2010

Ravioli de castaña rellenos de calabaza con salsa de rebozuelos


Pues seguimos con las recetas a base de rebozuelos. Aquí hay rebozuelos, ¡todo el año! ¿No es alucinante? Hemos tenido fresas hasta diciembre, y hay setas en el monte todo el año. Para los que nos gusta alimentarnos con lo que recolectamos nosotros mismos esto es el paraíso.
El día que salimos a por setas con nuestros amigos recogimos bastantes y dieron para varias recetas. Y una de ellas tenía que ser, inevitablemente, pasta fresca. Llevaba una temporada sin hacer pasta en casa. Últimamente siempre que nos apatece pasta fresca vamos al Convivio, el único sitio donde la preparan realmente casera. Hacer pasta no es difícil, pero hay que ponerse y requiere su tiempo. Y tiempo es lo que siempre falta, ¿verdad?. Pues durante el Carnaval nos dieron un par de días libres, hizo mal tiempo y D. tenía que trabajar, así que nos quedamos en casa y era la excusa perfecta para echar la tarde preparando unos ravioli.
Además de los rebozuelos tenía claro que quería probar una harina de castañas que compré hace un tiempo. y pensé que las castañas y la calabaza van muy bien juntas. Pues ya estaba la receta: ravioli de castaña rellenos de calabaza con salsa de rebozuelos.


Para la masa de los ravioli:
150 gr de sémola de trigo duro
50 gr de harina de castañas
2 huevos
1 chorrito de aceite de oliva virgen
agua (la que pida)
sal

Amasar todos los ingredientes juntos, a mano o con amasadora. Ir añadiendo el agua que pida la masa hasta tener una masa que no se pegue a las manos pero que sea elástica. Dejar reposar en un bol durante un par de horas. Y recomiendo no saltarse este paso, porque el reposo hace que la textura de la masa cambie un montón. También recomiendo usar sémola o harina 00, pero no harina común de repostería, el resultado es muy diferente.

Para el relleno:
un buen trozo de calabaza
salvia
orégano fresco

Picar la calabaza en trocitos pequeños, rehogarla a fuego medio en una sartén, junto con el orégano y la salvia. Que se haga bien. Retirarla del fuego, aplastarla con un tenedor para hacer un puré y reservar. Hacerla con antelación porque tiene que estar fría cuando rellenemos los ravioli.

Para la salsa de rebozuelos:
aceite de oliva virgen
rebozuelos (unos 250 gr)
un chorrito de leche
una cucharada sopera de harina

Limpiar los rebozuelos con un cepillito o un pincel. Partirlos en trozos grandes. Rehogarlos brevemente en aceite de oliva, y justo cuando empiecen a soltar agua bajamos el fuego, añadimos la cucharada de harina, removemos bien y añadimos el chorrito de leche. Dejamos que espese con cuidado de que no se queme. Ajustamos el punto de sal y reservamos.

Y ahora viene la parte divertida: dar forma a los ravioli.
A ver, lo más fácil es tener la máquina de pasta y el molde de ravioli. Pero yo cuando empecé no tenía ninguna de las dos cosas, y aunque es más difícil también se puede. Hace un tiempo puse un tutorial "como hacer ravioli: guía para dummies".

Primero hay que estirar la masa, dejándola bien finita, bien con la máquina bien con un rodillo y un buen par de brazos.
Una vez que la masa esté estirada, si tenemos molde lo enharinamos bien, pero bien, bien. A ser posible con sémola de trigo duro. Ponemos un rectángulo de masa. Ponemos el relleno en los huequitos, otro rectángulo de masa encima, y tapamos. Enharinamos, pasamos el rodillito para marcar los cortes, y desmoldamos.
Si no tenemos molde, pues hay que poner montoncitos de relleno encima de un rectángulo de masa, poner otro rectángulo encima, apretar bien donde vayan a quedar los cortes y cortar con un cortapastas.

Cuando estén todos los ravioli hechos, hervirlos 2-3 minutos, colarlos, y servirlos con la salsa por encima.

El resultado es un plato delicado, delicado. Con el toque dulzón que da la calabaza, el sabor tostado de la castaña, y el aroma a bosque de los rebozuelos frescos. Si no os gusta el toque dulzón, podéis sustituir la calabaza por berenjena, por ejemplo.

Los que aún no habéis probado la pasta fresca casera animaos a hacerla, porque está a años-luz de la pasta fresca industrial. De verdad, es una de las cosas, junto con el pan, en la que más diferencia se nota.
En el blog de Canny, la gurú bloguera de la cocina italiana, a la que tuve frita una temporada con mis preguntas y dudas cuando empecé con esto de la pasta fresca, podéis encontrar montones de recetas. Mis recetas de pasta fresca casera están aquí.

jueves, 18 de febrero de 2010

Gratin dauphinois de tupinambos y rebozuelos

El Dauphiné es una región alpina del sureste de Francia, limítrofe con Suiza e Italia, por la que solíamos caminar a menudo ya que era la parte de Alpes que más cerca pillaba de Lyon. Los macizos de Chartreuse, Beaufortain, Vanoise o Ecrins estaban a un tiro de piedra, y tratábamos de visitarlos siempre que podíamos. Su gastronomía consiste en platos potentes, dado lo montañoso de la región, y el gratin dauphinois es el plato más típico. Es un plato a base de patatas, bañadas en una mezcla de crème fraîche y leche, gratinadas al horno. Tras probar en un refugio de montaña el auténtico gratin, que se prepara sin queso, me acostumbré a prepararlo a menudo, con una crème fraîche deliciosa que me vendía al peso nuestro lechero en el mercado de la Croix-Rousse.

En este caso tenía unos tupinambos que me había mandado Au, y decidí hacerles un homenaje sustituyendo las papas por tupinambos. El tupinambo, aguaturma, pataca o alcachofa de Jerusalén (helianthus tuberosa) es una planta hermana del girasol. Tiene unas bonitas flores amarillas parecidas a estos pero más pequeñas, aunque lo que se come es el tubérculo. A diferencia de la patata, no contiene almidón. Lo que tiene es inulina, que nuestro organismo descompone en fructosa, de manera que es mucho más recomendable para la gente que padece diabetes. La inulina está también presente en las alcachofas, y por eso algunas personas dicen que el sabor de estos tubérculos les recuerda a esos vegetales, aunque no tengan nada que ver. En Francia se podían comprar en el mercado, aunque su uso no está muy extendido porque parece ser que en la posguerra se tuvieron que alimentar a base de estos tubérculos y les cogieron bastante manía. En España creo que se consumen sólo en Cataluña. En Madrid o aquí, desde luego, es imposible encontrar. Su cultivo es muy sencillo: se plantan en febrero, directamente en la tierra, a unos 20 cm de profundidad, y se recogen en otoño. Según dicen, son unas plantas muy resistentes (ya veremos, yo acabo de plantarlas). Una vez recogidas se conservan poco tiempo, así que es mejor dejarlos en tierra e ir cogiendo a medida que vayamos consumiéndolos.

Al gratin le añadí también unas trompetas, rebozuelos o cantarelus, como se las quiera llamar, que son las setas que se pueden recoger en los montes de La Esperanza en estos momentos. El resultado fue espectacular. El sabor de las setas se queda concentrado en la nata, de manera que el conjunto era muy aromático y delicado.


El plato se prepara de manera muy fácil:
300 gr tupinambos
200 gr trompetas
200 ml de crème fraîche
un chorrito de leche
sal y tomillo


Se pelan, lavan, y cortan en rodajas finas los tupinambos.
Se limpian las setas con un cepillito (NO deben lavarse con agua, perderán sabor) y se trocean.
Se diluye la crème fraîche con un poquito de leche.
Se mezclan todos los ingredientes, se añaden las hierbas aromáticas, se pone en una fuente de horno, y se mete en el horno precalentado a 180ºC durante un horita.


domingo, 14 de febrero de 2010

Daring Cooks feb'10: mezze (pan de pita semi-integral, hummus, falafel y salsa de berenjena asada)


Caray qué largo me ha quedado el título.... el reto de este mes de los Daring Cooks lo eligió Michele de Veggie Num Nums, y consistía en preparar mezze, el equivalente oriental de las tapas, o sea, comida de picoteo. Se podían preparar todo tipo de recetas pero había dos obligatorias: pan de pita y hummus.
The 2010 February Daring Cooks challenge was hosted by Michele of Veggie Num Nums. Michele chose to challenge everyone to make mezze based on various recipes from Claudia Roden, Jeffrey Alford and Naomi Dugid.

Yo, como siempre fui a mi bola... Michele nos dio una receta de pan de pita pero yo preferí confiar en el infalible Dan Lepard y adapté su receta "perfect plain pitta" y preparé pitas con harina integral. También era obligatorio seguir su receta de hummus, pero cuando la preparé me supo tan, pero tan alimonada, que terminé por preparar el hummus a mi estilo porque me sentía incapaz de comerlo con tanto limón y porque, además, me parecía fatal daros una receta cuyo resultado no me gustaba.
A parte de las recetas obligatorias del reto, preparé falafel y salsa de berenjenas asadas siguiendo la receta del libro de Ottolenghi.
Y hoy no me enrrollo más que bastante largas son ya las recetas.

Pan de pita semi-integral

Ingredientes para 8 pitas:

300 gr de harina de fuerza
200 gr de harina de trigo integral
5 gr de levadura fresca
1 cucharada sopera de azúcar moreno
1 cucharadita de café de sal
2 cucharadas soperas de aceite de oliva
325 ml de agua templada

Mezclar todos los ingredientes y amasar unos minutos. Dejar reposar 10 minutos y volver a amasar durante 1 minuto. Repetir esta operación un par de veces más, en intervalos de 10 minutos, y luego dejar reposar la masa, tapada en un bol, durante media hora.
Pasado este tiempo, precalentar el horno a 250ºC con la piedra dentro (si tenéis).

Hay dos factores que hacen que el pan de pita se infle en el horno:
- tener un rodillo con el que podamos dejar los panes muy finos
- tener un horno que alcance al menos 250ºC de temperatura, y, a ser posible, tener una piedra de hornear

así como con otros panes el horno importa menos, en el caso de las pitas sin uno de estos factores las posibilidades de éxito se reducen considerablemente.

Mientras el horno se calienta, dividimos la masa en bolas de unos 100 gr de peso y las dejamos reposar, tapadas, unos 15 minutos. Las aplastamos hasta formar cículos de unos 5 mm de espesor y las dejamos reposar otro par de minutos.

Con ayuda de la pala o con una bandeja pasamos las pitas, de dos en dos, al horno.


Las horneamos unos 2-3 minutos, hasta que se hinchen y estén levemente doradas. En mi caso se hincharon como globos... Eso sí, no hay que pasarse con el tiempo o las pitas de secarán.
Las sacamos del horno y las pasamos a un trapo limpio para que no se enfríen.


Hummus

Ingredientes:

garbanzos cocidos
zumo de limón
aceite de oliva virgen
tahini
un pizca de comino molido
sal

aceite de oliva y pimentón para decorar al servir

No doy cantidades porque la manera en que yo lo preparo es añadiendo los ingredientes poco a poco hasta alcanzar el sabor adecuado.

Poner en un bol los garbanzos con un buen chorro de aceite de oliva, un par de cucharadas de tahini, un chorrito de zumo de limón y una pizca de sal. Con ayuda de la batidora reducirlo todo a una pasta espesa. Probarlo y añadir al gusto cualquiera de los ingredientes hasta alcanzar el sabor que más nos guste: a quien le guste el limón a rabiar, que añada más zumo, a quien le guste el tahini pues más tahini....
Para servirlo ponerlo en un plato y decorar con aceite de oliva y pimentón espolvoreado.

Salsa de berenjenas asadas

La receta de Ottolenghi dice berenjenas "quemadas" pero en castellano eso suena fatal....

Ingredientes:

2 berenjenas
4 cucharadas soperas de yogur de leche de cabra
2 cucharadas soperas de zumo de limón
1 cucharadita de café de melaza
2 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen
menta fresca picada

La receta es bien sencilla. El truco para sacarle todo su sabor a las berenjenas consiste en asarlas bajo el grill. Se ponen las berenjenas en una bandeja de horno, se enciende el grill, y se pone la bandeja en la parte de arriba del horno, cerca del grill, para que las berenjenas se "quemen". Yo las dejo 30 minutos, dándoles la vuelta a los 15 minutos. Pero como supongo que dependerá de la potencia del grill de cada cual, lo mejor es vigilar y sacarlas cuando empiecen a estar negras. Tampoco hace falta que salgan ardiendo....
Un vez que las berenjenas se hayan enfriado les quitamos la piel, que sale muy fácilmente, y la carne de las berenjenas la ponemosa escurrir y luego la pasamos a un bol junto con el resto de ingredientes y lo mezclamos bien todo.

Servimos el pan de pita junto con las salsas, el falafel, tomate y aguacate cortados en láminas, para que cada comensal se prepare su pita al gusto.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Calabaza asada contra el tiempo que pasa


No me gustan demasiado los cumpleaños. Los cumpleaños vienen a recordarnos una verdad de perogrullo en la que todos tratamos de no pensar: que el tiempo pasa, inexorablemente. Esto es algo en lo que una no piensa demasiado si tiene veinte años, pero cuando vas a cumplir esa ingrata edad en la que empiezas a acercarte más a los cuarenta que a los treinta, pues como que la cosa empieza a fastidiarte. Quizá porque no me gusta pensar en ello no doy mucha importancia a las fechas. D. y yo no tenemos aniversario, celebramos que estamos juntos cada día. Suena cursi, ¿verdad?. Pero juro que así es. Esto provoca situaciones divertidas, porque cuando alguien le pregunta cuantos años llevamos juntos cada vez responde una cifra distinta, sembrando el desconcierto. Pero a mi me gusta que sea así. En febrero, sin embargo, hay dos fechas ineludibles: mi cumpleaños y el aniversario de este blog. Un 9 de febrero hace dos años colgué mi primera receta. En dos años he conocido a mucha gente estupenda, a algunos en persona y a otros virtualmente. He aprendido mucho. He horneado infinidad de panes. Y, sobre todo, no me he aburrido nunca. El día que esto deje de ser divertido cierro el chiringuito. Pero por ahora me lo sigo pasando genial compartiendo con vosotros y husmeando lo que se cocina en vuestras casas. Gracias por haberme acompañado estos dos años, en los momentos buenos y en los mejores.

Y ahora la receta, que al fin y al cabo esto no es un blog de filosofía sino de cocina.

Los ingleses llaman "comfort food" a ese tipo de comida que se prepara fácilmente y que nos pone de buen rollo. Supongo que la traducción sería "comida reconfortante". Esta lo es. Comida reconfortante para aligerar el espíritu del peso del tiempo. Una manera sencilla de preparar la calabaza con un resultado espectacular. Es una receta del maravilloso libro de Ottolenghi que compré gracias a la recomendación de Lolah, y del que a este paso voy a terminar preparando todas las recetas. El día que quieran traducir el libro al castellano, sólo tendrán que pasarse por el blog de Lolah y por el mío y recopilarlas.

Ingredientes:

1 calabaza
4 cucharadas soperas de aceite de oliva
1 cucharada sopera de pipas de calabaza
1 cucharada sopera de pipas de girasol
1 cucharada sopera de semillas de sésamo
1 cucharadita de ajenuz (nigella sativa)
10 gr de almendras laminadas
sal marina y pimienta negra

Precalentar el horno a 220ºC. Partir la calabaza en cuñas no demasiado grandes, sin quitarle la piel, y retirar las semillas. Poner en una bandeja de horno, con el lado con piel para abajo. Pincelar con el aceite de oliva, salpimentar, y hornear una media hora.
Mientras, tostar las semillas y las almendras en una sartén.
Servir disponiendo las cuñas de calabaza en una fuente adornando con las semillas y almendras tostadas.

domingo, 7 de febrero de 2010

Una hogaza muy francesa, ¡con pato y castañas!


Incluso un fracaso puede ser hermoso. Este pan estuvo a punto de ser un fracaso rotundo, ya que por primera vez en mi vida panadera se me pegó la masa al banneton, y al volcar el pan en la pala para hornearlo se deshinchó por completo. Lo recompuse como pude y lo metí corriendo al horno, y supongo que el hecho de usar una piedra de hornear ayudó a que aquello saliera adelante de manera más o menos honrosa, aunque debería haber salido un pan bastante menos aplastado. En todo caso, estaba bueno, es una combinación de sabores peculiar para un pan ,que lo hacen bastante apropiado para comer con platos de sabor consistente. Y además así aproveché las castañas que recogimos en Pinolere y la grasa del magret que cociné hace unos meses y que guardé en la nevera porque en esta cocina no se desaprovecha nada. No sé vosotros, pero yo cuando pienso en castañas y pato lo asocio automáticamente con Francia, me parece una combinación gabacha a tope.

50 gr de grasa de pato
200 gr de castañas
500 gr de harina de fuerza
200 gr de masa madre de centeno
300 ml de agua
1 y 1/2 cucharaditas de sal

Pelar las castañas y trocearlas. Calentar una sartén y dorar las castañas en la grasa de pato. Reservar.
Mezclar el resto de ingredientes del pan y amasar. Dejar reposar la masa 10 minutos, añadir las castañas y volver a amasar hasta que esté todo bien integrado. Dejar reposar en un bol untado de aceite hasta que doble su volumen (yo lo dejé 8 horas en la nevera).
Bolear y poner en el banneton. Dejar que doble su volumen de nuevo. Mientras tanto, calentar el horno con la piedra de hornear a 220ºC, con un recipiente con agua en la parte de abajo del horno.
Volcar el pan en la pala (aquí es donde estuve a punto de fastidiarlo todo), poner sobre la piedra de hornear y echar agua con un spray, unas tres veces durante los primeros 5 minutos de horneado.
Hornear 15 minutos a 220ºC y otros 30 a 180ºC, o hasta que esté dorado y al golpearlo en la base con los nudillos suene a hueco.
Y degustar acompañado de buena música, que nos recuerde que hay que aprender a amar también a nuestros fracasos.



La receta es del libro "The handmade loaf" de Dan Lepard.

miércoles, 3 de febrero de 2010

El arroz del pachá y los falafel ortoréxicos

El lunes cayó una tempestad sobre Tenerife. El agua corría por las calles, que se convirtieron en ríos, y la gente cruzaba con ayuda de cuerdas. Yo veía llover desde mi ventana, en el curro, sin percatarme de la que se estaba liando, recordando mis años holandeses. Ver tanta agua me resultaba bastante familiar. Hasta que empecé a recibir llamadas de varias personas que me decían ¿qué haces ahí? ¡vete a casa!

Para cuando salí ya era tarde, ya no había ni guagua ni tranvía, y sólo la aparición de una compañera del trabajo me salvó de pasar la noche fuera de casa. Aunque tardamos más de una hora en hacer un trayecto que normalmente se hace en 10 minutos.
La alerta naranja aún duraba hasta el miércoles, así que el martes, día de La Candelaria, decidimos no salir de casa y organizar una comida con los amigos.
Arroz del pachá y falafel. ¿Que por qué son falafel ortoréxicos? Pues porque están hechos con garbanzos ecológicos, los garbanzos en lugar de ir crudos van cocidos, y los falafel los hice en el horno en vez de freirlos. Si queréis la receta auténtica del falafel, debéis modificar esas dos cosas. Pero os advierto que de esta manera salen muy buenos, no se te estropea la batidora, y sobre todo son muy digestivos.

Arroz del pachá: arroz salteado con fideos

1 cebolla mediana, bien troceada
1/2 cucharadita de tomillo seco
1/2 cucharadita de albahaca seca
1/2 cucharadita de cúrcuma
1 cucharadita de semillas de cilantro
sal y pimienta al gusto
1 taza de arroz de grano largo
2 tazas de agua (bueno, esto depende del tipo de arroz que uséis)
5o gr de pasas
125 gr de fideos de cabellín
50 gr de almendra fileteada
hojas de cilantro fresco para adornar


En una sartén a fuego medio, sofreir la cebolla, y una vez que esté dorada, añadir las especias. Cuando estas empiecen a soltar su aroma, añadir el arroz y las pasas, rehogar hasta que el arroz empiece a estar ligeramente transparente, y entonces añadir el agua y subir el fuego. Cuando el agua empiece a hervir, bajar de nuevo a fuego medio y esperar hasta que el arroz haya absorbido todo el agua. Por supuesto, si absorbe el agua y aún no está hecho, añadir más agua hirviendo.
Por otro lado hervir los fideos de cabellín, y colarlos.
En otra sartén poner a dorar las almendras fileteadas, cuando estén doradas añadir los fideos cocidos, y cuando estos estén dorados bajar el fuego y añadir el arroz. Le damos unas vueltas y lo retiramos del fuego. Servir caliente y adornado con hojas de cilantro fresco.

Falafel

375 gr de garbanzos secos
1 cebolla mediana
2 dientes de ajo
1 cucharadita de semillas de cilantro, o cilantro molido
1/2 cucharadita de cúrcuma
1/2 cucharadita de pimienta cayena
1 cucharada sopera de comino molido
12 ramilletes de cilantro fresco
1 cucharadita de sal
1/2 cucharadita de levadura
3 cucharadas soperas de aceite de oliva

La víspera, poner los garbanzos en remojo.
Al día siguiente, cocerlos hasta que estén blandos pero no demasiado (yo los tuve 5 minutos en la olla exprés). Colarlos, dejar que se enfríen, y trituralos juntos con el resto de ingredientes hasta tener una masa homogénea y consistente, pero a la que se le pueda dar forma.
Precalentar el horno a 220ºC, con la piedra de hornear dentro en caso de tenerla.
Formar pelotitas con la masa de falafel, aplastarlas un poco, ponerlas encima de un papel antiadherente y pincelar con aceite de oliva. Hornear durante una media hora, o hasta que veamos que están doradas.

Las serví con guacamole y babaganoush.

Recetas originales del libro "Clásicos vegetarianos del mundo".

domingo, 31 de enero de 2010

Un pan para Achim: centeno, espelta y almendras

Bueno, pues ya he tomado la dichosa decisión. Pero hasta que la cosa se formalice por completo, os dejo con la incógnita, jijiji..... Aunque todo apunta a que me quedo en el Chicharro por algún tiempo más ;)
Yo soy una panadera aficionada bastante obsesiva, hago pan todas las semanas, ya he olvidado la última vez que compré pan, creo que desde hace año y medio, desde el famoso pedido de los bannetones, sólo le compraba pan a Achim, el panadero alemán del mercado, de vez en cuando. Desgraciadamente, hace medio año Achim cerró la panadería, sin previo aviso. Yo seguí pasando por allí, semana tras semana, ya que aunque no le comprara pan a menudo sí que le compraba harina, levadura fresca, tarta de manzana o pretzels. Me gustaba pasar por allí, saludarle, y llevarme algo, era mi manera de apoyar al único panadero artesano no sé si de Tenerife pero desde luego sí de Santa Cruz. Poco antes de Navidad volvieron a abrir la tienda, pero en vez de Achim y sus panes lo que había allí era un amable colombiano vendiendo productos de su tierra. Le pregunté por Achim y me dijo "falleció hace 5 meses". Me quedé de piedra. Vamos, me habría echado a llorar. Así que este pan se lo dedico a Achim, que debe estar en el cielo de los panaderos, en donde los hornos son de leña, las cortezas son doradas y crujientes y el pan siempre sube bien.

Ingredientes:

250 gr de masa madre
300 ml de agua
1 cucharada de miel de caña
300 gr de harina de centeno gallego (otra de las estupendas harinas gallegas que me regaló Carmen)
150 gr de espelta asturiana
100 gr de harina de fuerza gallega
un puñado de almendras tostadas y picadas
8 gr de sal

Mezclar todos los ingredientes en un bol y amasar unos minutos. Dejar reposar unos minutos para que la harina absorba el agua. Amasar de nuevo en una superficie untada de aceite.
Untar un bol con aceite, meter la masa y dejar fermentar hasta que doble su tamaño.
Pasado este tiempo, darle a la masa forma de baton (en esta entrada expliqué cómo se le da forma a un baton) y poner en un molde en el que previamente hemos puesto papel de horno, para luego poder desmoldar el pan con facilidad. Humedecer la superficie y poner avena por encima, presionando suavemente para que se pegue bien.
Dejar que la masa suba hasta el borde del molde. Precalentar el horno a 210º. Pulverizar agua por encima de la masa, y hornear durante 15 minutos a 210º y luego otros 30 minutos a 190º, hasta que el pan esté bien dorado. En caso de tener un termómetro, comprobar que la temperatura interior supera los 90ºC, así nos aseguramos de que el pan está hecho.
Retirar del horno, esperar 10 minutos antes de desmoldar y dejar enfriar en una rejilla.

Aprovecho para contribuir con este pan a la estupenda iniciativa de Ben, que quiere animar a todo el mundo a que haga pan en casa.

miércoles, 27 de enero de 2010

El círculo vicioso de pobreza y degradación del medio ambiente: Haití

Este texto forma parte de un informe que traduje el año pasado para Ecologistas en Acción. Lo recordé hace poco por motivos evidentes. Me ha sorprendido que en ningún medio he oído relacionar el desastre humanitario que acarrea Haití desde hace tiempo con la avidez que tuvieron los colonizadores, primero, y sus gobernantes, después, por arrancarle todos los recursos naturales que pudiera tener. Sé que este es un blog de cocina pero como bien dice M. Pollan comiendo participamos en la creación de los sistemas de los que nos alimentamos, y por lo tanto es un acto íntimamente relacionado con el medioambiente y la sociedad. Y no es bueno cerrar los ojos ante algunos hechos.
Si estáis interesados en leer el informe completo "La economía de los ecosistemas y la biodiversidad" pinchad aquí. Y si a alguien le interesa apuntarse a la red de Traductores en Acción que pinche aquí.

El círculo vicioso de pobreza y degradación del medio ambiente: Haití

Haití es el país más pobre del hemisferio occidental y uno de los que presentan la más grave degradación del medio ambiente. Más del 60 % de sus ingresos provienen de la ayuda aportada por los Estados Unidos y otros países y el 65 % de su población vive con menos de un dólar al día. Una gran parte del país estaba cubierto de bosque en su origen pero actualmente queda menos de un 3 % de esta cubierta forestal. Entre 1950 y 1990, la cantidad de tierras cultivables ha disminuido también en más de dos quintas partes debido a la erosión del suelo. Simultáneamente la deforestación ha reducido la evaporación a la atmósfera por encima de Haití y, en muchas zonas, las precipitaciones totales han disminuido hasta un 40 %, reduciendo a su vez el caudal de los cursos de agua y la capacidad de irrigación. El sistema de irrigación de Avezac no comunica más que aproximadamente la mitad de las 3845 hectáreas inicialmente previstas. Cuando por fin llueve, las laderas no consiguen retener o filtrar eficazmente el agua. Incluso si son moderadas, las lluvias pueden producir inundaciones devastadoras debido a la deforestación. Las capas freáticas y las aguas fluviales van cargadas de sedimentos y de elementos contaminantes que han contribuido a la degradación de los ecosistemas estuarios y costeros. Cerca del 90 % de los niños haitianos sufren de infecciones crónicas provocadas por los parásitos intestinales presentes en el agua corriente. Como consecuencia de las inundaciones. Haití perdió la mitad de su potencial energético hidroeléctrico, la barrera de Péligre fue obstruida por los sedimentos. Haití constituye un ejemplo impresionante del «círculo vicioso» de la extrema pobreza y la degradación del medio ambiente. Una gran parte de la pobreza y del sufrimiento de Haití se deriva de la pérdida de sus bosques y la extrema pobreza constituye en si misma una de las causas principales de la deforestación y un obstáculo importante para la gestión sostenible de los bosques. La lucha contra la pobreza debe erigirse como estrategia central para conseguir la restauración de la biodiversidad y los bosques haitianos.

lunes, 25 de enero de 2010

HEMC#40: pastel de verduras recuperadas


Sigo dispersa. Dispersa, irascible, bastante inaguantable. Sigo sin tiempo de responder a los comentarios (lo siento, lo siento). No me aguanto ni yo a mi misma. Pero no podía dejar pasar otro HEMC sin publicar. Y más con lo bueno que es el tema del HEMC de este mes, organizado por Wivith de Cuchiflitos: platos con sobras. Con lo que me gusta el reciclaje.
En realidad en casa sobrar sobra poco. Lo que no nos comemos en la cena me lo llevo al día siguiente al curro. Pero, hace un par de meses, cuando preparé esta sopa vietnamita, me sobraron las verduras con las que preparé el caldo, y con ellas y aprovechando unos trozos de masa quebrada que había por el congelador preparé este pastel de verduras (el que menciono en la receta de la sopa). Lo tenía pendiente de publicar, porque me gustó mucho el resultado. Pero no encontraba el momento. Y aquí está.
Las verduras que nos sobraron del caldo fueron: 1/2 brócoli, 3 zanahorias, 1/2 calabacín y 1 calabaza potimarrón (todo de nuestra huerta, sí, sí).
Y la receta es sencillísima. Lo que hicimos fue lo siguiente: reservamos las zanahorias y el brócoli, y por otro lado trituramos la calabaza y el calabacín. Mezclamos el puré resultante con las yemas de tres huevos, y añadimos especias al gusto (romero, salvia). Por otro lado batimos las claras a punto de nieve. Mezclamos con cuidado las claras montadas con el puré.
Ponemos en una fuente para horno la masa quebrada y la horneamos unos 10 minutos a 180ºC.
Lo sacamos del horno y ponemos los trozos de brócoli y de zanahoria. Echamos por encima la mezcla de verduras y huevo. Lo horneamos unos 20 minutos o hasta que veamos que la masa empieza a estar dorada y al pinchar el pastel con una aguja sale limpia.
Como siempre, creo que llego la última al HEMC. Corriendo, corriendo.

miércoles, 20 de enero de 2010

Pan atlántico


Estoy muy dispersa. Entre que se me ha juntado la vuelta de vacaciones con bastante trabajo, viajes y visitas, y que tengo que tomar algunas decisiones que van a ser cruciales para mi futuro profesional, estoy atacada pero no consigo centrarme y además no saco ni cinco minutos para dedicarle al blog. Apenas puedo echar una ojeada a otras cocinas, ni contestar a los comentarios. Pero quiero daros las gracias por estar ahí al pie del cañón.

Y también quiero darle las gracias a Carmen, la reina de las migas, que me regaló las estupendas harinas gallegas con las que hice este pan. De Galicia a Tenerife vía Madrid.
Es el último que hice en el 2009. Es un pan de bellas proporciones: 250 gr de masa madre, 250 gr de harina de fuerza gallega, 250 gr de fariña galega, 250 ml de agua y 8 gr de sal.
El procedimiento es el habitual: amasado, plegado, primera fermentación, boleado y segunda fermentación en banneton. Horneado con piedra: 15 minutos a 220ºC y otros 30 minutos a 180ºC.
Subió hasta hincharse como un balón de reglamento, parecía querer salir volando del horno.
Corteza crujiente, miga sabrosa y de buena textura.

Gracias Carmen. ¡Y ya estoy esperando a que te decidas a escribir ese libro de panes gallegos de una vez!

jueves, 14 de enero de 2010

Daring Cooks jan'10: turkey breast satay with tahini sauce - saté de pavo con salsa de tahini


La receta de este mes la propone Cuppy, del blog Cuppylicious, y ha elegido el Saté, un plato típicamente tailandés, del libro "1000 Recipes" de Martha Day.
The January 2010 DC challenge was hosted by Cuppy of Cuppylicious and she chose a delicious Thai-inspired recipe for Pork Satay from the book "1000 Recipes" by Martha Day.

Tengo que reconocer que nunca me gustó el saté. Mi historia de odio hacia este plato se remonta a mis años holandeses. Quizá algunos lo ignorais, pero Holanda tuvo colonias en el sudeste asiático, por lo que allí es muy popular este tipo de comida. El "nasi goreng" (arroz frito con soja), el "bami" (lo mismo versión noodles) y el "kipsate" (saté de pollo) eran platos que vendían en cualquier lado, sobre todo en los Febos (restaurantes-máquina donde vendían todo tipo de fast-food) y en la infumable cantina de la universidad. Le pillé una manía horrorosa a los tres platos, porque allí los preparaban en plan ladrillito-empanado-frito los primeros (lo juro, ¡rebozaban el arroz o los noodles y los freían! podéis verlo en la web de Febo) y grasiento-amasijo-de salsa de cacahuete el tercero. De hecho, pensaba que la palabra saté se refería a la salsa de cacahuete, no al marinado. Porque, para ser sinceros, era difícil saber sin aquel engrudo estaba marinado o no.....

Pero, hete aquí que de nuevo viene el reto de los Daring Cooks para que aprenda algo y me reconcilie con uno de mis platos más detestados. He aprendido que el saté es un marinado delicioso, y, eso sí, la salsa de cacahuete la he sustituído por una mucho más saludable salsa de tahini y yogur. He preferido hacerlo con pavo por dos motivos. El primero, que la carne de pavo es más sana, y el segundo, que nunca he sabido como hacer para que la pechuga de pavo estuviera jugosa. Con este método, que es capaz de enternecer hasta las carnes más secas, se consigue que el pavo quede perfecto.

Thanks, Cuppy, for making me discover a delicious and very easy to prepare dish.


Ingredientes para el marinado:

1 cebolla roja pequeña
1 trozo de raíz de jengibre (de unos 2 cm x 2 cm)
el zumo de un limón
1 cucharada sopera de salsa de soja
1 cucharadita de café de semillas de cilantro
1 cucharadita de café de comino en polvo
1/2 cucharadita de café de cúrcuma
2 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen

400 gr de pechuga de pavo

La receta no puede ser más fácil.
Ponemos todos los ingredientes del marinado en el vaso de la batidora, y lo procesamos todo bien hasta tener una mezcla homogénea.
Cortamos el pavo en taquitos, lo ponemos en un tupper y cubrimos con el marinado, mezclando bien para asegurarnos de que todos los trozos están bien impregnados. Lo dejamos al menos dos horas en la nevera.

Mientras tanto preparamos la salsa.

Ingredientes para la salsa de tahini:

100 ml de yogur natural
3 cucharadas soperas de tahini
el zumo de 1/2 limón
1 cucharadita de comino en polvo
una pizca de sal
un chorrito de aceite de oliva virgen

Mezclar todos los ingredientes hasta obtener una salsa homogénea.

Cuando queramos preparar el saté debemos pinchar los trozos de pavo en unas brochetas, y hacerlos en una plancha. Servir con la salsa de tahini, y con verduras a la plancha, o con arroz.